martes, 6 de septiembre de 2011

6. "Who Loves The Sun" - The Velvet Underground

Del álbum Loaded (1970)

Salir del cascarón beatle es más difícil de lo que parece. Su carrera tiene la calidad y la amplitud suficiente como para que te puedas conformar con escucharlos exclusivamente a ellos durante varios años. Si además le sigues con las carreras solistas, tienes alimento suficiente para pasar una década... o seguirle. Conozco a personas que únicamente escuchan a The Beatles. Están negados a cualquier otra alternativa y, lo que es triste, se sienten como grandes fans cuando es precisamente esa cerrazón la que impide que su juicio tenga validez.

Mi hermana y yo estuvimos en una situación similar durante mucho tiempo. No hacíamos otra cosa que poner discos de los fab a cualquier hora del día. Para mí variedad equivalía a saltar de un disco de Wings a uno de John Lennon. Las letras, melodías, acordes y solos estaban pegados a mi memoria de modo tal que era capaz de recitar algunas canciones como si de poemas se trataran.

A diferencia de los últimos años, donde The Beatles han adquirido un vigésimo noveno aire que los hace apreciados para chicos y grandes, cuando yo iba en sexto de primaria eran vistos, al menos en mi escuela, como algo anticuado y digno de comentarios despectivos del tipo: oh, sí, los del submarino amarillo, güi ol lib ina llelou sobmarin .

La mayor parte del tiempo mantenía en secreto mis gustos musicales. Cuando me preguntaban, decía que me gustaban "de varios" para luego cambiar de tema. El punto más bajo llegó cuando para no llamar la atención, dije que me agradaba Eminem. Lo aborrecía en realidad, pero estaba de moda, y de algún modo quería "pertenecer". Era joven, entiéndanlo. Ahora lo veo y me parece una estupidez, sin embargo lo que intentaba hacer era pasar desapercibido.

Hasta que un día las cosas cambiaron. Empecé a expresar a todo pulmón el amor que profería por Ringo y compañía, y no solo eso, empecé a escuchar a otros grupos de música. No me fue mal, empecé a estar más tranquilo. Mantener en secreto tu naturaleza por presiones sociales es frustrante. Gracias a esto, entiendo de cierto modo a los que mantienen en secreto sus preferencias sexuales o algún hecho traumático: no es un tema sencillo para sacar a relucir.

Así que de pronto me sentí orgulloso de lo que escuchaba. A todas luces era mejor que Simple Plan o Good Charlotte. No se requería de un doctorado para saberlo.

Escuchar a otras bandas fue importante. Me di cuenta de que había música valiosa afuera de Pepperland. Empecé a comprar discos los fines de semana. Exploraba, descubría. Mi hermana comenzó a hacerlo también. De pronto, y sin saber por qué, inició entre nosotros una especie de guerra fría.

Explico:

La canciones que descubres por tu cuenta (esto es, sin que nadie te las recomiende) tienen un valor sentimental mayor que aquellas que te topas gracias otras circunstancias. Esto se ha perdido un poco con el internet de alta velocidad. Hubo un tiempo en que a falta de youtube y televisión por cable, tenías que echar mano de revistas de publicación mensual o la exploración de tiendas de discos para encontrar una portada o grupo con nombre atractivo con quien pudieras arriesgarte.

El asunto es que, en esta nueva búsqueda, se dio una competencia. Tanto mi hermana como yo queríamos vencernos el uno a otro descubriendo la mayor cantidad de bandas interesantes. Yo tomé la delantera al comprar The Queen Is Dead. Aún puedo sentir el resentimiento que me tiene por habérselos ganado. Pero luego se recuperó descubriendo a los Sex Pistols y The Clash. Respondí con el hallazgo de The Cure sin saber que el contraataque sería durísimo: The Velvet Underground.

Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché "I'm Waiting for the Man". Ella la estaba escuchando en la sala a un volumen altísimo que se traspasaba hasta la cocina. Ahí supe que había perdido una batalla clave. Caí en la lona. Era incapaz de reaccionar. ¿Con qué podía superar eso? Ni siquiera sabía de quién era la canción. Pero era brillante. Cuando salió, fui a revisar el estéreo. Vi ahí el álbum de la banana.

Siguió comprando el resto de la discografía. No le dije nada para dizque minimizar los efectos de su descubrimiento. Pero en el fondo me moría por escucharlos. Lo único que quería hacer era pedirle prestado aquellos trabajos que yo disfrutaba a escondidas en la cocina mientras ella los ponía con las bocinas a reventar.

Hay una infinidad de temas de The Velvet Underground que me fascinan. Elegí "Who Loves The Sun" porque fue el que hizo que me tragara mi orgullo. Luego de aguantar por semanas, por fin acepté la derrota. De modo simbólico tomé la edición especial de Loaded y la puse para mi disfrute en el estéreo de la sala. Sabía que ella vendría a los pocos minutos para reclamarme por usar sus pertenencias sin pedir autorización.Aquello fue una declaración, una banderita blanca, me rendía, ella había triunfado.

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