miércoles, 14 de septiembre de 2011

14. "I'm a Realist" - The Cribs

Del álbum Men's Needs, Women's Needs, Whatever (2007)


En una entrada anterior comentaba que no creo en nada que tenga que ver con brujería, maldiciones o conceptos sobrenaturales. Sin embargo, en ocasiones (por costumbre) uso palabras de cierto modo relacionadas. Por ejemplo, siempre he considerado que tengo mala suerte. O sea, no creo que exista la suerte pensándola como una característica de nacimiento (uno forma con sus acciones el éxito o el fracaso), pero volteo a ver a los demás y me doy cuenta de que, comparado con la mayoría, suelo ser poco beneficiado en cuanto a aleatoriedad se refiere; así que uso esa palabra como un comodín refiriéndome a lo nada alentador del panorama en general.

Sin ser un participante recurrente en apuestas y juegos de azar, desde pequeño la he llevado mal con esto. Mis ojos ardían al ver que a mis amigos les salían el doble de tazos en las bolsas de papas mientras a mí ni uno me salía. Igual he tenido resultados negativos en rifas, sorteos, concursos, volados, pronósticos, e incluso cuando he tenido la fortuna de triunfar, he perdido, como en aquella ocasión en la que fui acreedor a un modesto frutsi gratis que al final no pude cambiar porque el dueño de la tienda se negó a aceptar la tapita rota.

Esto hace que pierdas confianza. Llega el punto en el que crees que todo lo que esté fuera de tus manos va a salir mal, aunque no necesariamente sea cierto. Así estuve durante años, desgracia tras desgracia hasta que un día, eso cambió.

Era el 2008, un año en el que estuve sin estudiar mientras me animaba a elegir una carrera universitaria. Los días consistían en levantarme a las 2:30 p.m., comer, usar la computadora y volver a dormir. No había muchas emociones; la mayoría de la gente iba a la escuela o trabajaba mientras yo estaba ahí echado en la cama. No hice nada útil. Pude aprovechar el tiempo para aprender un idioma o tocar un instrumento y no, la verdad es que no me di cuenta de que desperdicié meses que ahora me gustaría recuperar. No lo sufrí tampoco, de hecho me cayó bien el tener un reposo que me hiciera olvidar el tortuoso último año de la preparatoria. De cualquier forma, los highlights del día radicaban en cosas simples como una nueva caja de cereal en la alacena o la programación de una película agradable por televisión. Así hasta que una tarde leí una noticia que me entusiasmó.

Resulta que The Cribs iban a venir a México. Yo no los conocía hasta que Johnny Marr se unió a ellos. Johnny es mi guitarrista favorito junto a George Harrison, y jamás pensé tener la oportunidad de verlo por aquí (aunque la tuve en 2007, cuando vino como integrante Modest Mouse al concierto que dieron junto a RHCP precisamente, pero era en el Foro Sol, un lugar grandísimo, y este sería en el José Cuervo salón, mucho más íntimo), así que cuando me enteré de la visita que haría con este nuevo grupo, todos mis pensamientos se centraron en ir.

Por desgracia no tenía dinero. No trabajaba, tampoco hacía nada útil que pudiera justificar la solicitud de un préstamo a mi padre para comprar boletos. De hecho mi presencia en casa era víctima constante de comentarios despectivos por parte de mis familiares, de modo que estaba solo en esta empresa con fines musicales.

La fecha se acercaba y por tanto mi euforia disminuía. Veía pocas probabilidades para asistir al concierto. Lo peor es que aproveche los días para escuchar la discografía de The Cribs y realmente me gustaron, en especial Men's Needs, Women's Needs, Whatever, el trabajo que venía a promover. Ya no quería ir solo como un pretexto para ver a Johnny Marr en persona, lo quería hacer también para escuchar un puñado de grandes canciones.

Llegué al borde de la desesperación. Dos semanas antes del concierto estaba resignado a no ir. Y entonces algo cambió. Entré a la página de Sopitas y vi que estaba regalando boletos por medio de una mecánica. Dado los antecedentes, no me entusiasmé demasiado, nunca había ganado nada y no veía forma de que esta fuera la excepción. De cualquier forma decidí participar, nada perdía con intentarlo, además de que era mi última oportunidad.

Se trataba de pronosticar el resultado del partido Atlético de Madrid vs Schalke 04 de la previa de Champions League. Debías incluir los minutos en los que caerían los goles y los autores de los mismos. El que más se acercara, se llevaba el boleto doble. Viendo los comentarios , me di cuenta de que gran parte de ellos apostaban por marcadores cerrados (1-0, 1-1, 2-1, 2-2, 0-0, etc.), eran tantos (más de cien) que era poco probable que resultara victorioso atinando a los minutos de los goles, así que opté por una pequeña goleada. Mi pronóstico fue de 3-0 con un gol de Forlán (28') y dos del Kun Agüero (70', 82'). Confiaba en que así sucediera.

Sí, confiaba. Como pasó con este post, dejé por un rato los pensamientos negativos y realmente pensé que podía lograrlo. Por un día fui un seguidor más del Atleti, olvidé al Real Madrid y los apoyé, quería que ganaran con todo mi corazón. Fue uno de los partidos más emocionantes que he visto en mi vida.

Agüero anotó el primero luego veinte minutos. El Schalke estaba metido atrás, así que ese gol fue como un respiro, aún quedaba tiempo para la goleada que necesitaba. El marcador quedó así al medio tiempo. Sentí nervios, la negatividad volvió a rondar por el ambiente. Los alemanes únicamente defendían complicando cualquier intento de golpe. Luego, al minuto 54, Forlán, un jugador al que detesto, hizo el segundo en una gran jugada individual. Salté del asiento. La proeza ya no era descabellada. Necesitaba un gol más. El problema es que el Atlético no, el partido de ida había quedado 1-0, así que con estos dos goles de ventaja les bastaba para pasar a la siguiente fase.

Pero los jugadores de esa plantilla tenían mucho carácter, y siguieron adelante. Romántico como soy, imaginé que se estaban esforzando para que un muchacho a miles de kilómetros de distancia, pudiera ver a uno de sus artistas favoritos. Es lo que tiene el deporte. El futbol es mucho más que "correr detrás de una pelolita" como se encargan de mencionar muchos imbéciles. Una victoria o una derrota cambia el panorama de vidas enteras, incluyendo la mía en ese instante.

De repente el partido se cerró. Por minutos el Atleti cesó los bombardeos, el Schalke hacía sus intentos por remontar. Faltaban ocho minutos para el final. Lamenté no haber apostado por el 2-0 como habían hecho muchos, tal vez atinando el minuto en el que caían los goles hubiera podido desempatar. ¿Cómo se me había ocurrido arriesgar con un 3-0? En esas estaba cuando de pronto hubo un contragolpe. Se la pasan al Kun quien desborda y se quita a un rival. Tira a portería. El guardameta rebota el balón. El argentino no se rinde: va y la busca. Tira una diagonal cuando aparece un pierna por ahí. Es la de Luis García. El del Liverpool. La empuja. Es gol. Gritos.

Estuve a punto de llorar. No podía creerlo. Ni siquiera temía a una remontada final que me arruinara. Ni a un impedimento externo. Estaba optimista y seguro. Iba a ver a Johnny Marr Era un gran momento.

Todavía hubo una anotación final de penal. Daba igual, nadie había pronosticado un 4-0. Era yo el que más se había acercado al marcador, e incluso había adivinado el minuto en el que se daría el tercero (82').

El amable Sopitas me dio los boletos y fui al concierto. Magnífico, por cierto. Creo que entra en mi top 3 de todos los tiempos. El lugar no estaba lleno, pero el ambiente era intenso. Estuve hasta adelante, y además de deleitarme viendo a uno de mis ídolos, disfruté a una de las pocas bandas que siguen conociendo el significando de la palabra rocanrol. Ryan Jarman estuvo borracho sobre el escenario cantando como si no hubiera mañana, cortándose los labios con el micrófono, bebiendo, tocando y sangrando. En el encore, tomó la decisión de aventarse sobre el público, su pierna cayó sobre mi hombro y el público enloqueció. A duras penas pudo regresar vivo con el resto del grupo gracias a los integrantes de seguridad. Entre tanto alboroto quedé en otra parte del lugar. Mucho más atrás. Desde ahí escuché el último tema de la noche, mi favorito hasta el día de doy: "I'm a Realist".

Después de varios meses, estaba siendo feliz. Me di cuenta de la que vida no es estar encerrado en un cuarto comiendo y navegando por internet. Supe que tenía que entrar a la universidad de una vez (y lo hice). Conocer nuevas personas, escuchar nueva música. Volver a sentir lo que sentí esa noche.

Casi pierdo un zapato. Delante, The Cribs decían: I'm a realist / I'm a romantic / I'm an indecisive piece of shit, una línea con la que me identificaba horas antes. Pero en ese instante no lo hacía. Estaba pletórico. Era otro. Y mientras, sin saber por qué, una chica, a la que jamás le vi la cara, se pegaba peligrosamente a mí. Fue una gran noche. Se la debo al futbol, a Sopitas, a un grupo de Inglaterra... pero sobre todo, me la debo a mí.



4 comentarios:

Sheliwirini dijo...

Me da mucho gusto que hayas podido ir. A veces creemos que todo está en nuestra contra y que nada nos saldrá bien. Pero de repente todo lo contrario sucede, supongo que eso lo hace más interesante. Si siempre nos saliera todo bien sería aburrido.

Saludos.

Kareve dijo...

Excelente post. Me he dado el lujo de ir a algunos conciertos y la emoción del momento( escuchando a una agrupación que admiras) no se compara con nada. Por otro lado te envidio, primero porque al vivir en provincia muchas veces te quedas con las ganas de asistir a un buen concierto. Jesus and Mary chain también fueron al salón cuervo y me quede con todas las ganas, por ejemplo. Segundo por el golpe de suerte, todos esperamos un golpe así aunque sea solamente una vez. En este momento deseo un golpe de suerte pero no para mí, para alguien que esta mas o menos como tú antes de ir al concierto. Con esos golpes si dan ganas de andar por ahí y hasta de dar saltitos. Por otro lado, me gusto mucho la canción, no los conocía. Bueno... eso es todo. saludos.

Bigmaud dijo...

Sheli: Siempre queda la opción de esperar el "milagro".

Kareve: Ahora estoy en provincia así que te entiendo. Fíjate que yo también quise ir a ese concierto de JAMC y no pude ir por falta de presupuesto. Una pena, ojalá vuelvan algún día.

Saludos.

Memmis dijo...

A mí Sopitas me regaló una maleta Puma y una camiseta de Austria en el Mundial, jajajajaja :)
También es mi canción preferida de ellos. Ojalá yo me levante así pronto... me hace falta :/

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