viernes, 23 de septiembre de 2011

24. "Soy como dos" - Los Secretos

Del álbum La calle del olvido (1989)


Mal que me pese, me identifico bastante con Enrique Urquijo. En sus letras, repletas de melancolía e intensidad, se reflejan las características que cargo en la espalda. Si me quejo no es porque Enrique me parezca un personaje desagradable ni mucho menos, al contrario, se trató de un talentoso pilar del rock/pop español de los ochenta y noventa. Con Los Secretos compuso varios temas indispensables para conocer una época y su manera de escribir directa y sencilla fue un oasis de tranquilidad en medio de una década repleta de maquillaje y estridencia.

Digo que me pesa porque hasta su muerte prematura no la tuvo nada fácil. Su personalidad cambiante aunada una sensibilidad profunda, lo mismo que le ayudaban a la hora de componer, lo afectaban en su vida personal. Supongo que fue el precio que tuvo que pagar por componer canciones tan cercanas para un grupo de admiradores que hasta entonces no encontraban a alguien tan proclive a la sinceridad.

Con su otra banda, Los Problemas, sacó uno de los mejores álbumes de ruptura amorosa jamás escritos. Se titula Desde que no nos vemos (1998); en él, da cuenta de su frágil interior en donde la contradicción se vuelve un tormento. La pasajera separación con su entonces pareja lo llevó a interpretar una serie de temas llenos de dolor, algunos, por cierto, con la influencia de José Alfredo Jiménez. Entre ellos destacan "No quiero que me veas este noche", una especie de hermana hispánica de "If You See Her, Say Hello" en donde se presentan esos sentimientos encontrados que impiden te decidas por una opción u otra. Al escucharla se nota el ansia por volver a ver a su antigua mujer, a la vez que resiste por estar consciente de que resultaría contraproducente: "Si te encuentras y ella te pregunta / dile que estoy ahora mejor que nunca / que hay otra chica ya / aunque no sea verdad". De igual forma se hace patente su incapacidad para superar al pasado y dejar atrás las elecciones equivocadas: "Si por ti pregunté /creen que no te olvidé / qué estupidez..."

El resto del cuadro lo componen títulos desoladores (varios de ellos cóvers) del tipo "Solo pienso en ti", "Amor se escribe con llanto", "Aunque tú no lo sepas", "Tu tristeza", "Ojalá que te vaya bonito" y "Desordenada habitación" a dueto con Antonio Vega, con quien compartía el vacío de quienes están enfrentados una existencia conflictiva.

Cerca del final viene el que quizás sea el único corte optimista del trabajo: "Continuará". Es lo que tienen las personalidades ambivalentes, y lo que a veces tanto afecta, que aún en medio del pantano se obtienen respiros que la mayoría de las veces no representan otra cosa que la prolongación de la agonía. En situaciones adversas siempre se podrá apelar a la esperanza: "Esta historia, esta historia / no puede acabar, al final de cada página continuará". Si bien este tema ya había sido lanzado 10 años atrás en compañía de los Secretos, resulta cuando menos sintomático el que la hubiera recuperado justo para colocarla al final de una serie letras desesperanzadas, como indicando que, a pesar de todo, era una persona que mantenía hasta el último momento la ilusión de un futuro mejor.

Desde que la conocí, "Continuará" me hace pensar en lo complicado de determinar hasta qué punto vale la pena hacer un nuevo intento. ¿Cómo saber que algo ya terminó? ¿Cómo borrar ese último dejo de ilusión que podría derivar en un nuevo comienzo o la continuación del sufrimiento? Un asunto complejo, no cabe duda, tanto como el interior de Enrique que vivía una lucha interminable.

Una vez me preguntaron con qué canción me identificaba más. Consideré varias opciones, hasta que al final dejé "Soy como dos" de Los Secretos en donde, a pesar de ser cantada por Álvaro, su hermano, Enrique declara mejor que nunca la dualidad de su personalidad. Al igual que él, no me termino por definir, no soy constante y cambio a cada minuto. De repente estoy triste y enseguida animado. Cuando quiero ser amable acabo por actuar como un imbécil, cuando quiero a alguien soy incapaz de demostrarlo y cuando actúo como deseo me siento culpable. Y el pasado me aterra, me va pisando los talones mientras me apuro hacia una dirección que no lleva a ningún lado.






2 comentarios:

Sheliwirini dijo...

Es difícil poder desprenderse totalmente del pasado, por más que queramos siempre habrá alguna reminiscencia. Lo mejor sería aceptarlo y seguir adelante, pero a veces me parece casi imposible de lograr. Algunas veces con sólo recordar pequeños detalles me desanimo totalmente y permanezco en ese estado por algún tiempo.

Saludos.

Bigmaud dijo...

Estaría padre ser de los que pueden, no? Para los que el pasado no existió.


Saludos.

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