martes, 28 de diciembre de 2010

Preguntas caseras


Si el árbol no te da manzanas, debes ir a comprarlas al supermercado. Internet me ha enseñado, entre muchas cosas, que nosotros podemos crear los espacios que el mundo moderno nos niega. Dios no nos dio talento, pero nos regaló el mundo virtual para que podamos consolarnos. Sí, puede que nunca seamos columnistas del New York Times, pero podemos abrir un blog para empezar a expresar lo que nuestro reducido intelecto nos confiere. De igual forma, si las disqueras te ignoran, puedes grabar tus canciones usando Audacity para luego publicarlas en Myspace donde serán escuchadas por la friolera cantidad de cinco personas.

Siempre he querido ser entrevistado. Desgraciadamente los periodistas, en su cerrazón, discriminan a todo aquel que no cuente con un grado mínimo de fama. Las grandes preguntas están reservadas para los hombres que han publicado una nueva novela o que han decidido incursionar en la política. Seres modestos que, como yo, reciben el mote de "Don Nadie" tenemos que aguantar, y alimentarnos con la idea de que ellos se lo pierden. Tengo reservadas miles de respuestas geniales si se hacen los cuestionamientos adecuados. Todos los días practico y elaboro mentalmente entrevistas ficticias ideando al mismo tiempo las potenciales respuestas. De modo tal, que estoy preparado para el día en que un reportero venga a preguntarme:

-¿Por qué ha abandonado a Emma Stone?

-¿Ha pensando en donar los 12 millones de dólares que ganó con su última película?

-¿Planea deslumbrarnos de nuevo con un trabajo excelso en los próximos meses?

-¿Qué tal estuvo su sexenio sabático, le quedó algún país sin recorrer?

-¿Puede darme una moneda?

La celebridad exige esmero, así que, cazatalentos, no busquen más, que estoy preparado para afrontar las adversidades que se me presenten una vez que reciba el primer cheque.

Mientras tanto, para no perder ritmo, y mientras llegan las primera revistas a solicitar unos minutos de mi atención, decidí que era una buena idea convocar a los seguidores que tengo en Twitter a que me hicieran algunas preguntas por medio del servicio de Formspring, prometiéndoles contestar cada una de ellas. Como no me gusta ir por la vida defraudando gente, paso a cumplir en este venerable espacio.


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Are you mad fer it?

Respuesta: Claro, me encanta Oasis, es un grupo al que le debo mucho y al que prometo, pase lo que pasa, y aunque mis gustos cambien, mirar siempre con cariño. Los conozco desde hace mucho. Apenas a finales del 2007 empecé a asumirme como un fan (un madferit, pues). Fueron muy importantes para que tomara otra postura ante la vida y quizás sin canciones como "Slide Away", "Live Forever", y "Don't Look Back in Anger", ahora estaría deprimido en un asilo de jóvenes. Agradezco haberme topado con ellos y no con una de esas bandas que tanto le gustan a las personas que visten de terciopelo negro en pleno verano.


Eres hijo único?

R= No, y lo agradezco mucho. Ser hijo único implicaría demasiada presión, toda la esperanza estaría sobre una persona a la que le cuesta trabajo comprometerse. Tener hermanos te permite ir un poco más relajado por la vida, te permite pensar en que puedes morir sin demasiadas preocupaciones a sabiendas de que hay otros seres ahí para continuar el legado de la familia. No obstante, soy el hermano mayor, lo cual tiene sus complicaciones.


Has tenido alguna experiencia homosexual?

R= Fuera de algún repaso al grandes éxitos de Village People, la lectura de la obra de Oscar Wilde y el avistamiento de uno que otro video de George Michael, me he resistido a pisar los jardines de la homosexualidad a los que prefiero ver desde lejos. Evitaré decir "tengo muchos amigos gay", cliché proferido por decenas de celebridades para evitar que los llamen homofóbicos, porque les estaría mintiendo. No tengo amigos homosexuales. Ni heterosexuales.


Sigues a alguien en twitter que te parezca estúpid@?

R= No. La mayoría alguna vez han dicho algo estúpido (igual que yo), pero tienen la decencia de hacerlo con gracia. Por eso los sigo. Hay gente que directamente es estúpida, a ellos no les presto atención, ni los sigo a pesar de que me mencionen. Últimamente este tipo de seres empieza a abundar, producto de la constante promoción que ha recibido esta red social en los medios de comunicación tradicionales. También ha llegado gente estupenda, lástima que sean tan pocos porque se empieza a sentir como cuando descubres un restaurante bonito y tranquilo que de pronto se pone de moda y empieza a ser invadido por gente que medio te arruina la experiencia.


Eres de los que agregan muchos amigos en FB?

R= No, soy particularmente selectivo. En estos momentos tengo 68 amigos, y pronto podrían ser menos. Igual el otro día me puse a reflexionar sobre el caso y por un rato consideré que debía ser un poco más flexible, tengo muchas solicitudes sin responder. Lo que me jode es la gente que no te dirige un saludo cuando la ves en persona pero que andan ahí agregándote. O los que creen que debes aceptarlos sólo porque están en la misma escuela que tú. Incluso prefiero a algunas personas de internet, con las que he creado una cercanía particular. Sin excesos.


¿Qué paso con el asunto de las Pop Tarts? Estoy intrigada. ¿Cómo te llamas? Para que sea un trato justo, te cuento que yo me llamo Gabriela.

R= Tengo entendido que ya no las venden en México, y que, si lo hacen, son muy difíciles de conseguir. Tal vez en Sam's, Costco o en una de esas tiendas de las que nunca seré socio, sepan algo. Hace unos meses vi a una compañera comer una, al preguntarle, me contó que una amiga se las traía de Estados Unidos, y como un buen gesto me compartió un poco. Era de chocolate. Me gustan, mas no soy fan absoluto. Mi nombre te lo digo por DM si me preguntas por twitter, Gabriela.


¿Tienes una boca grande y siempre hablas de más o cómo? (: (por Naranja Dulce)

R= La boca la tengo de tamaño promedio y hablo demasiado o nada dependiendo el caso. Hay gente que piensa que soy demasiado serio y otra que pagaría una pequeña fortuna a cambio de que guardara silencio. Lo de nick es simplemente por una canción que me gusta: "Bigmouth Strikes Again".


De qué color y tipo es la ropa interior que estás usando en este momento? (por PixieSkywalker)

R= Negra. Son unos boxers que compré hace poco. No hay mucho qué agregar.


¿Te cae bien el Papa Benedicto XVI? ¿Te gusta picarle los ojos a los pescados muertos que están en en el área de mariscos de Soriana? ¿De dónde eres? (por Koalagary)

R= No me cae bien, tampoco lo aborrezco. La comparación con Palpatine me dejó de causar gracia hace cuatro años. Desconozco si él tenga mucho que ver, pero me agrada que en su mandato se han destapado, más que nunca los casos sucios de ciertos curas deleznables. Me dan asco los mariscos, ya sea verlos, tocarlos o probarlos. Nací en San Luis. (Missouri o Potosí lo dejo a tu imaginación).

¿Cerveza o tequila para beber?

R= Depende el caso. La cerveza es para llevártela tranquila, para ir a hacer pipí en lo que se ocurre algo interesante qué decir. El tequila para cuando tienes prisa por llegar a determinado estado, que los discos de José Alfredo sólo duran 50 minutos. Diré que cerveza porque da para convivir más.

Si fueras un libro, ¿qué libro serías? ¿por qué? (sorry si alguien ya te preguntó esto)

R= Como dije alguna vez: si fuera un libro, mi dedo sería el índice. Sobre el título, es difícil. Simplemente diré que como personaje estaría a medio camino entre Rob Fleming e Ignatius Reilly, por raro que esto parezca.

¿Cuál es tu objetivo en la vida? (Por ElizaRain)

R=Hacer algo lo suficientemente bueno para ser recordado por personas a las que nunca conocí.


¿A qué familiar tuyo admiras más y por qué? (por Beatlessgtpepper)

R= Es imposible contestar a esa pregunta sin sonar tremendamente cursi y sentimental. Ya que no quiero dañar la imagen impávida que he forjado a lo largo de estos años, me limitaré a decir que a mi abuelo paterno, por lograr mantener a diez hijos sin la ayuda de nadie y por llegar a un alto lugar en su trabajo . Y a mi padre. Y a mi madre por aguantarme.

Crees en la realidad? (por ineshdz)

R= Sí, creo que es una estupenda hija de perra.


¿Por qué el retorno repentino a formspring? (por Juanramón1989)

R= La respuesta está en la introducción de esta entrevista.

***

¡Hasta la próxima entrega!

jueves, 23 de diciembre de 2010

8 canciones que Santa odiaría

La música es uno de los principales ingredientes de la navidad. Ahí junto a los regalos, el pavo, la nieve y demás clichés, se erige como algo fundamental para estas fechas. Generalmente asociamos la música de la época con los aburridos villancicos que aprendimos desde los primeros días de escuela. También están, por fortuna, los esfuerzos que figuras del rock y pop han realizado para contagiar de espíritu navideño a nuestros oídos. Estos últimos son mis favoritos, ya que las guitarras son mucho mejores que las campanas y porque las voces de coros infantiles difícilmente pueden competir con el talento de figuras con varios discos de oro a sus espaldas.


Como regalo para ustedes, y para quitarme la imagen de un ser amargado que odia a todo lo que le rodea, incluyendo a la navidad, decidí hacer un mixtape virtual con algunos de mis temas favoritos relativos a esta bonita celebración que espero disfruten. La selección está un 70% libre de obviedades y únicamente se puede escuchar en línea.

Sea como sea, espero que reciban muchos regalos materiales este año porque amor seguro ya lo tienen, ¿no?



miércoles, 22 de diciembre de 2010

La familia en vacaciones 8


No los ves durante todo el año, jamás te llaman por teléfono, viven plenamente a kilómetros de ti. Tampoco se saben tu correo electrónico. Así es la familia lejana, un pequeño ejército conformado por tíos, primos extraños y sobrinas precoces que viene bien mantener lejos porque de todas formas tienes poco o nada que platicar con ellos.

Se da un extraño fenómeno, y es que, por más que los desprecies, ellos pretenden adorarte. Puede ser hipocresía o tratarse de simple cortesía, el caso es que cuando los ves -generalmente en fechas navideñas-, te tratan mejor que a un monarca europeo.

Te adulan a base de mentiras (¡quéguapoteves!, teníamuchasganasdeverte) al tiempo que te inundan de besos y abrazos que no le darías a nadie que quieres en verdad.

Mágicamente, aquellos que jamás se tomaron la molestia de hacerte una llamadita en tu cumpleaños (el cual pasaste solo, comiendo un pingüino), cambian de parecer y se muestran interesados en lo que ha sido de tu vida. Empiezan tímidamente haciendo un comentario respecto al clima para culminar haciendo esa pregunta clásica:

¿Y que tal la novia/o?

Hacen esa pregunta sin cerciorarse antes de si tienes una (o uno), en un afán de mostrarse cercanos, y en el caso de los tíos de avanzada edad, sonar "alivianado" y "moderno". Y tú no tienes ganas de responder, o, si tienes, no quieres contarle nada a ellos, porque, bueno, son unos extraños para ti. Desconocidos con los que compartes apellido.

Mi posición respecto a estos familiares es neutral. Ni los amo ni los odio. Simplemente me molesta la falsa actitud con la que te abordan. Ya desde niño me jodía un poco que en comidas me sentaran a lado de primos con los que apenas cruzaba palabra sólo porque eran de mi edad. (Eso se repite en las bodas en las que casi no conoces a nadie, por lo que te asignan una mesa que acabas compartiendo con la chaviza en turno, una serie de humanos desastrosos con los que avergüenza convivir).

Tengo un par de primos con los que me llevo bien y varios tíos que me caen simpáticos, a otros los quiero (soy de familia amplia; mi madre tiene seis hermanos y mi padre, nueve). Luego, hay varios que me caen mal y otros que ni fú ni fá, que, curiosamente, son los que más efusividad (ficticia) muestran al verme.

Ahora es difícil que los vea. Llevo más de cinco años pasando la navidad (que era la época en la que nos reúniamos), sólo con mi seres más cercanos (dos hermanos y dos padres). Extraño a ese pequeño puñado de tíos y primos agradables, pero también agradezco no verme obligado a abrazar a aquellos a los que apenas he conocido a lo largo de los años. Les deseo una buena vida, no crean, sólo que no se puede simular cariño donde no lo hay.

En resumidas cuentas, la familia lejana es un conjunto de personas que te llaman con dos únicos pretextos: la desgracia o la fiesta. Qué se le va hacer, queda aguantar y reconfortarse con la idea de que pronto llegará ese periodo de 355 días en los que estaremos apartados de ellos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

No me olvides

Iba a salir de la ciudad por un mes. Eran vacaciones y uno no puede quedarse en casa así como así. Sería traicionar los principios vacacionales. Debes salir por lo menos un día o dos. Quedarse en casa es grandioso, sí. Es lo que me gusta. Guardo, no obstante, un respeto enérgico por las tradiciones y fui educado para hacer uso de las vacaciones en otros lugares del planeta.

Lógico no iba a ir lejos. Tocaba ir a un pueblito de nombre impronunciable que quedaba a cien kilómetros. Llevé algo de música. Estaba seguro que sería el primero en escuchar a The Wedding Present en esos lares, lo cual se sentía bien. Dentro de las tradiciones se pueden romper algunas otras.

Cuando le dije que me iba no le cayó bien.

-No puedes dejarme sola todas las vacaciones. ¿Qué voy a hacer yo aquí?

Los animales y las chicas comparten algo: Les disgusta estar solas. Yo podría estarlo sin ningún problema. Lo he estado la mayor parte de mi vida y lo disfruto. Tiene más ventajas que desventajas. El hombre promedio sólo necesita de compañía por una o dos horas cada tres días. El resto del tiempo se puede estar perfectamente sin nadie alrededor. La compañía entorpece al hombre pensante.

-Sólo es un mes - le dije-. Puedes pasar estos días con tu familia, que buena falta te hace.

-Estás loco, yo quiero salir, ir a las tiendas, tomar algo, no quiero quedarme en casa preparando galletas y viendo novelas. Además me vas a olvidar.

-Claro que no, estaré con mi abuela, algunos tíos y primos. Es imposible no acordarme de ti teniendo una compañía semejante.

-Además ahí vive...¿cómo se llama?... María.

-Se llama Mariana.

Es obvio que ella se sabe su nombre a la perfección, desde que la mencioné para romper un silencio incómodo no para de mencionarla cada que surge un problema o discusión. Supongo que "olvida" su nombre para minimizarla, para hacerme creer que es alguien sin importancia.

-Es una vieja amiga, es todo -agregué-. Lo que menos tienes que hacer ahora es preocuparte, que es navidad, joé. Ponte una bufanda y sal a tomar un poco de aire.

-¿Vieja amiga? Sigues viéndola por Facebook, he visto cómo le dejas mensajes. Le escribes correos electrónicos. Una vez hasta hablaste por teléfono con ella. Tienes un gusto horrible, mira que andar con alguien tan corriente... encima ve el suéter que traes; debería darte vergüenza andar vestido como anciano.

Estábamos en mi habitación. Tenía un desorden impresionante, cosa que no me preocupaba. La relación se encontraba en la etapa en la que ya disculpábamos nuestros defectos. Cuestión de adaptación. Alrededor habían cajas de pizzas, latas de refrescos y fauna variada en la que destacaban revistas de hace ocho años, fotografías, balones, globos y una naranja. También había un bat de béisbol. El cual tomó. Y con el cual comenzó a golpearme sin miramientos.

-A VER SI ASÍ TE ACUERDAS DE MÍ, ANIMAL.

Sin piedad atacó mi cabeza, mis piernas y en especial mi abultado abdomen. Fue tan veloz que no tuve tiempo de reaccionar. Caí al suelo, Por cada batazo recitaba una serie de insultos que hacían que mi interior también quedara herido.

Estaba a punto de colapsar cuando cesó. Hice un espacio entre los brazos con los que me protegía para verla ahí arriba, sonriendo. Antes de irse me tiró una patada. Escuché cómo azotaba la puerta.

En efecto, no la olvidé. Durante todas las vacaciones estuve acordándome de ella con dolor. Cada moretón traía los recuerdos de un amor imposible de extinguir.

Cuando la volví a ver, le di un abrazo con la brevedad que el dolor corporal seguía exigiendo. Aún nos queríamos. Salimos a comer, rato que aproveché para contarle del mes que pasé confinado en una habitación sin apenas poder moverme. Fue una feliz navidad.

lunes, 13 de diciembre de 2010

La gente que tiene frío


La gente que más se cubre del frío es la que más disfruta el frío.

Son las personas de alta sensibilidad térmica las que se regodean en el sufrimiento.

Tres grados centígrados abajo del promedio son suficientes para verlos hundidos en bufandas, chamarras, suéteres, mantas y pasamontañas.

Intentan engañarnos, lo cierto es que les encantan los escalofríos y disfrutan con cada suspiro. Cada que dicen "maldito frío" hacen patente que, en el fondo, adoran estar a lado de una chimenea mientras beben chocolate caliente.

Las bajas temperaturas traen consigo la ropa elegante, los colores obscuros y la limpieza en el ambiente. Nadie suda, por lo que no hay peste y todos lucen decentes. Los vagabundos, incluso, adquieren aspecto poético: el vapor que exhalan se vuelve una monumento viviente.

Miren a sus madres y tías, regodeándose entre cobijas, maldiciendo al clima, mientras sueltan quejidos que más bien parecen cumplidos.

¡Disfrutemos el frío!

Les decía de la debilidad que sentía por este grupo


Es verdad, para qué engañarnos, somos dos imanes
que nunca se unirán, pasaran los años,
y seguiremos... mirándonos.

Sonará el teléfono y yo no podré oírlo
y tú cansada de llamar, cerrarás los ojos.
Y me olvidarás, y yo estaré en la barra
sonriendo y sabiendo que tú no estás.
y que no estarás...

Y no sé si esté bien...

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Desafortunado correo electrónico

Me llega este mensaje ayer, cerca de la media noche, es de la (amable) maestra de informática del lugar en donde estudio:
(...) no tengo tu calificación del examen de acreditación que estuvo programado durante la semana pasada, y no puedo levantar tu calificación en actas hasta no cumplir con el requisito. Para poder cubrirlo es necesario que acudas al centro de cómputo del miércoles 8 al viernes 10 de 8:00 a 13:00 horas y te busques en el grupo que se llama "rezagados".

Mierda. Dos cosas a considerar:

-Hasta donde sabía yo había hecho ese examen, y no sólo eso: lo había pasado con una calificación respetable.

-Confiando en que ya habían terminado todas mis preocupaciones escolares, estaba en otro estado la república, cómodamente disfrutando de las vacaciones.

Algún error el sistema hizo que tuviera que recorrer casi 300 kilómetros de regreso a casa sin deberla ni temerla. Encima ahora soy un "rezagado", una forma poco eufemística para referirse a un ser desdichado como yo.

Al menos había otra razón que coincidía con la vuelta relámpago.

John y el gatito siamés les aconsejan alejarse de los estudios.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Desayuno Continental - Hombres G

Hombres G es una de las pocas bandas en español por las que siento una pasión verdadera. Sólo Nacha Pop me viene a la mente cuando intento pensar en una que me guste más. Dejaron de estar de moda hace años, y no son considerados como algo cool por la comunidad snob. Me doblan la edad, cada día ganan más canas y lo que ahora importa , me encantan. Hombres G, La cagaste... Burt Lancaster, Esta es tu vida y Agitar antes de usar son piezas clave de mi rompecabezas personal. Hace unos días lanzaron Desayuno Continental, un nuevo trabajo que justifica su presencia en los escenarios.

Me gustó, por lo que me puse a escribir una reseña para Spazz (pronto habrán noticias respecto al futuro de la revista), la cual comparto a continuación:


Denle una oportunidad, siguen teniendo buenas canciones, de lo que se trata es de olvidar la necedad de esperar un nuevo "Sufre Mamón" todo el tiempo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La pareja más aburrida del mundo


El otro día fui a un restaurancito al que nunca había ido. La comida (mexicana) y los precios estaban bien, no se preocupen, lo que me llamó la atención fue una pareja que llegó al lugar minutos después que yo.

Entraron tomados de la mano, parecían felices, lo cual era suficiente para envidiarlos. La mujer era alta, guapa e iba bien arreglada. El tipo era alguien promedio que llevaba unos pantalones negros y una chamarra color claro. Tenía apariencia de ser enojón, contrario a su acompañante que lucía más bien angelical.

Lo que me llamó la atención y que me impulsa a escribir este post fue que durante la hora que estuvieron allí ninguno de los dos pronunció una sola palabra. Para mi sorpresa no hicieron nada más que intercalar masticadas con tragos a unas bebidas no alcancé a identificar para luego salir del lugar sin dejar nada digno de documentar.

Una situación semejante me provocaría decenas de bostezos por minuto. No concibo estar una hora con una persona sin pronunciar cuando menos un párrafo o escuchar alguna que otra anécdota entretenida. Con toda seguridad la muchacha podría encontrar a alguien que, sin llegar ser un perico, cuando menos le ofreciera algo de entretenimiento.

La cuestión era que la muchacha se veía feliz. Abandonaron en lugar tomados de la mano y hasta se dieron un beso. Me puse a pensar si aquello era el verdadero amor: poder estar con alguien tremendamente gris sin pasarlo mal. Yo, la mayoría de las veces, al estar con alguien hablo demasiado e intento a toda costa decir algo interesante o mínimamente gracioso sin saber que quizás los dardos van por otro lado, y que, a fin de cuentas, la conversación no ocupa un lugar tan importante en el escalafón de las relaciones humanas. Será que cuando el amor es suficiente se permite cualquier cosa, que a veces basta el silencio y que la genialidad no es necesaria cuando se trata de estar acompañado.

O puede que esos dos fueran una bella pareja de sordomudos que pidieron la comida a base de señalar el menú, mientras yo le daba un trago a mi vaso.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Misión escrita

Hace más de un mes les conté de un propósito: el de escribir una novela durante noviembre. Recuerdo que estaba animado, completamente dispuesto a lograrlo, lo cual no tiene nada de extraordinario dado que miles de veces he comenzado proyectos con el espíritu al 100 para luego fracasar estrepitosamente. Me ha pasado miles de veces; comienzo en la cima, y después, a base de tropiezos y desventuras, acabo en el suelo pensando en que jamás debí confiar en mí.

Lo extraño es que ahora, con un proyecto que, para ser exactos, no era fácil, lo logré. El ajetreado fin de semestre, con sus respectivas entregas de trabajos finales, no evitaron que concluyera una novelita de más de 50,000 palabras. Reiterativa, improvisada, errática y lo que sea, ahí está; no cabe duda que si uno está dispuesto a hacer las cosas mal, cualquier cosa es posible.

Comencé fuerte. Los primeros días fueron entretenidos, con la mente fresca llegué a sentirme poseído por el espíritu de Tolstói. A mediados de mes nacieron algunas dudas, nada grave, proseguí a sabiendas de que ninguna obra se concluye sin un mínimo de esfuerzo. Lo titánico llegó en los últimos diez días, en especial en la semana final en el que ocupaciones externas, el mal sueño e infortunios variados me tuvieron al borde del colapso.

Una parte de los concursantes del NaNoWriMo tuvieron la buena idea de realizar esquemas y borradores previos al mes de Noviembre. Yo, al enterarme apenas unos días antes, no tuve tiempo para hacer nada, por lo que todo lo fui pensando sobre la marcha. No es algo de lo que me sienta orgulloso, la escritura exige métodos serios y no sólo sentarse a teclear como loco. Lo que destaco es haber tomado la determinación para hacerlo. La escritura también es arrojo y confianza. No se puede andar por la vida borrando y reescriendo cada línea ideada; no, de vez en cuando también corresponde ser flexible con uno mismo, aunque manteniendo siempre un mínimo de control de calidad.

Varias veces, en especial cuando estaba cerca del final, pensé en tirar la toalla. Me decía que no tenía sentido continuar con algo que permanecería almacenado en un disco duro que, tarde o temprano, reventaría por la descarga continúa de videos de páginas rumanas de dudosa integridad. Cuartillas de tareas pendientes presionaban mi mente, algunas de ellas hablaban para decirme que los estudios eran prioridad. No hice caso.

Cuando llegaba a casa prefería adelantar la novela que ponerme a hacer trabajos de materias que, en el fondo, no significaban nada para mí. Me di cuenta de que rendirme equivalía a prolongar una serie de derrotas que parecían no tener fin. Hubo momentos tétricos; la falta de tiempo me obligaba a escribir en minutos en los que necesitaba dormir. Comprendí que al final valdría la pena, y aunque mantendré Un tipo de 25 en secreto (ni siquiera sé si yo la volveré a leer), me queda la satisfacción de que pude hacer algo que no necesitaba y que nadie me pedía, por el mero placer de demostrar que era capaz.

martes, 23 de noviembre de 2010

Oportunidad del camión


Es raro que use el transporte público. En los pocos casos en los que el chofer no me puede llevar en la limusina opto por caminar. La mayoría de los lugares que frecuento quedan cerca, así que no hay motivo para abordar taxis, autobuses ni similares. Cuando pasa no tengo gran problema. Siempre y cuando tenga un lugar donde sentarme es algo que pasa de largo. Hoy por ejemplo tomé un camión. As usual, revisé que las monedas que traía juntaran lo necesario para pagar. Lo comprobé seis veces, me la paso pensando que una moneda pudo caerse por el pantalón y no quiero entorpecer la fila. Hacía mucho sol y aguardé en la parada con ansias. Me extrañó que nadie de los que estaban esperando se sentara en la banquita disponible. Eran seis personas que preferían estar de pie. Cuando tomé asiento me di cuenta por qué, ahí abajo el sol daba directo a los ojos. Pensé pararme. No lo hice por orgullo, aguante ahí para que nadie pensara que era un imbécil que se arrepentía a las primeras de cambio. Casi quince minutos para que el que necesitaba abordar se dignara a aparecer.

El pequeño grupo se amontonó para poder entrar. Nadie está dispuesto a perder veinte segundos más. Hay que llegar rápido a casa para ver la novela. Quedo en último, no me apetece mostrarme como un desesperado. Delante de mí va un tipo con una rastas a las que les falta poco para llegar al suelo. Me da asco, me cae mal y huele idem. Di un paso atrás para evitar que en un movimiento brusco terminara por impactar con su cabellera. Ya dentro, tomo asiento a lado de una muchacha a la que le debo llevar uno o dos años. Antes de hacerlo había notado que me miraba, incluso desde que estábamos en la parada. Cuando le regreso el gesto voltea a otro lado rápidamente. Segundos después se repite la operación. Razón suficiente como para que miles de teorías atraviesen por ahí. De hecho por eso me senté a lado suyo, teniendo la opción de acompañar a un señor o de acaparar uno de los asientos vacíos hasta atrás.

Avanzaba el camión y mientras leía un número original de Los Agachados de Rius que había comprado en diez pesosm percibí que ella me había volteado a ver un par de veces más. Me llevé las manos a la cara: uno nunca sabe, puedes traer un ramita pegada que te haga lucir ridículo sin darte cuenta. Nada, mi rostro estaba como siempre, lo cual no era tampoco una noticia digna de celebrarse. Yo la había visto también. Blanca, cabello castaño claro, menudita, de mirada triste, con las mangas del suéter tapándole la mano. Resultaba simpática. Faltaba mucho camino, el conductor iba a ritmo lento y por tanto me dieron ganas de platicar con ella. Unas ganas inmensas. Pensé en varios planes. Desde soltar un simple "Hola" hasta escribirle en una hoja el siguiente mensaje:

Estoy aburridísimo, ¿quieres platicar conmigo? Piénsalo bien, no me obligues a intentarlo con la señora de aquí a lado.

No lo hice. Hace un año probablemente me hubiera animado. Platicaría sobre cualquier tema y sería gracioso. Y le preguntaría por su música favorita, y luego sabría su nombre. Ahora no, minutos después dejé el camión, pensando en la oportunidad perdida; en lo que pudo pasar en otro tiempo; que quizás ese sería el punto de partida para algo más grande, algo que cambiara por completo el rumbo de las cosas.

Ah, la negatividad, esa que me recuerda que han dicho que tengo la cara de psicópata; esa que me dice que la hubiera asustado; esa que me dice que me hubiera dicho que no; que lo más seguro era que esas miradas se trataran de una casualidad.

Lo más seguro.

domingo, 14 de noviembre de 2010

8 canciones de ruptura


Siendo un defensor de los álbumes de estudio frente a las recopilaciones de éxitos sonará extraño que últimamente me haya dado por hacer mis propias selecciones virtuales temáticas que hacen mirar a la música desde otra perspectiva. Puede que se deba a que ando leyendo Alta Fidelidad; el asunto es que armar una secuencia de temas es algo que te involucra y que te hace sentir más cercano a aquellas canciones que por primera vez se ven reunidas. A diferencia de esos recopilatorios oportunistas que no hacen más que tomar éxitos y ponerles una portada, hay algo artesanal cuando lo haces personalmente. Primero se elige un tema, luego se piensan en aquellas piezas que podrían encajar en el concepto. Se descartan algunas y en la marcha recuerdas a otras. Lo más complicado viene después al darles un orden. No se trata de ponerlas alfabéticamente y ya; debe haber una secuencia que tenga al escucha emocionado a cada instante. Es inadecuado poner un punk furioso después de un folk o un jazz. Entonces si quieres entregar algo digno, debes considerar varias combinaciones. Escucharlas una y otra vez hasta que quede. Incluso puede presentarse la situación en la que tengas que descartar una de tus favoritas porque rompe la dinámica creada por las otras selecciones.

Antes se hacían mixtapes que ahora parecen auténticas reliquias. Yo llegué hacer algunas, la mayoría de ellas con mis canciones de los Beatles preferidas y otras de temas agradables que iba atrapando en la radio y de los cuales nunca supe su nombre. Con la llegada del cd se perdió un poco, y con la aparición de los reproductores digitales se vieron sustituidas por playlists, que con todo lo bondadosos que puedan ser, carecen un poco de la magia de estarse machacando los dedos apretando botones una y otra vez esperando a que la grabación quedara completa. Quién sabe, quizás llegará el día en que consideremos copypastear como un trabajo cuidadoso, miraremos con nostalgia la selección de carpetas y la lentitud de esos veinte minutos que tarda en descargarse un álbum completo. Por lo mientras ese sentimiento corresponde a los cassettes con etiquetas donde se garabateaban mensajes con plumas bic.

Algunas ideas que estuve estacionadas últimamente. Lo genial es que encontré una página llamada 8tracks que está dedicada a mixes de, sí, ocho canciones. Me pareció una hermosura, el sitio está repleto de finos mixtapes virtuales que me animaron a hacer uno. Total, que me registré, y el primero quise dedicarlo a un tema tan apasionante como triste: las rupturas amorosas. Subí una por una las canciones (la espera tiene su encanto, no crean), y al final quedó algo que, como resulta natural, es muy personal. Quienes me conozcan se darán cuenta de que no me salí mucho de aquellos artistas que son básicos en cada día de mi vida, lo cual creo, está bastante bien.

Les dejo embedeado el recopilatorio. Espero que a alguien le guste, y que hasta pueda ayudar a sobrellevar una derrota sentimental. Aquellos que siempre entran a leer en secreto, sin dejar comentario alguno, y que me ven a diario sin apenas soltar un gesto, pero ah, que me copian cual Xerox 914: NO LO ESCUCHEN. No va para ustedes. Ingratos.

martes, 2 de noviembre de 2010

Impresiones del Corona Capital

Desde que terminó, tenía intenciones de escribir de este festival. Cuestiones varias postergaron la cita y apenas hace unos días pude sentarme a acomodar las ideas para escribir algo. La memoria tiene caducidad, y hubo varias cosas que ya no tenía tan frescas como hubiera deseado, lo cual también sirvió de motivación: estaba consciente de que si dejaba pasar el tiempo iría olvidando más y más hasta que ya no quedara nada, de modo que empecé a teclear lo poco que aún seguía rondando por mi mente.

Aquí está pues, en la revista Spazz algunas opiniones y recuerdos de aquel día:

lunes, 1 de noviembre de 2010

Participando en el NaNoWriMo

El año pasado me enteré de algo llamado "NaNoWriMo", ustedes se preguntarán ¿qué es eso? y yo les diré que se refiere a National Novel Writing Month. La idea detrás del peculiar proyecto es que usuarios de todo el mundo se decidan a elaborar una novela durante el mes de noviembre. Las cosa es simple: debe tratarse de una obra de ficción que tenga como mínimo 50,000 palabras. El trabajo debe ser inédito y no se puede empezar escribir (trazar esquemas está permitido) hasta el 1 de Noviembre con fecha límite del 31 del mismo mes. El objetivo es liberar la mente; cuando se trabaja a granel se deja un poco de lado los bloqueos internos que exigen finura, obteniendo así liberación.

En aquel entonces me enteré a mediados de Noviembre por lo que ya no había gran oportunidad de entrarle, entonces decidí esperar hasta el 2010. Hace unos días ya ni me acordaba de esto, lo había olvidado, hasta que por milagros santísimos, en las noticias radiofónicas pasaron una capsula de tecnología en la que lo mencionaban. Bingo, ahora sí lo intentaría.

Más vale calidad que cantidad, dicen, y es cierto, sí, pero también es cierto que si la cantidad es suficiente algo de calidad se colará. Por ello he decido participar en el NaNoWriMo centrándome en él plenamente. Como es de suponerse esto absorberá la mayor parte de mi capacidad de escritura, de modo que este blog dejará su dinámica habitual para convertirse, durante este mes en un lugar en donde podré extractos de la obra en construcción.

¿De qué tratará la novela? ¡No lo sé! Tengo algunas ideas en mente, la mayoría de ellas sin relación con la otra. No importa, creo que parte central de la actividad consiste en dejar de pensarse las cosas para poder actuar, eso es lo que haré. Ya les contaré si lo logro o si debo añadir una nueva línea a mi lista de fracasos

jueves, 28 de octubre de 2010

Elimando Unas Junes

Recibí dos mensajes de texto de un número desconocido:

Hola hola doñita muy buen dia. Oiga q hace? Q l parc si jj imvitn un dsayuno herbalife?

Hola hola muy buenas nochs doña ely. Kmo sta, qanto x sus mnsgs oq ya no c aqerda d la banda ¿? Jajajajaja

Hubo un par de días entre la llegada del primero y el segundo. En otras circunstancias (mejores tiempos y menos traumas ) hubiera contestado los SMS haciéndome pasar por doña Ely, o para aclarar al sujeto en cuestión que se equivocó de número o para decirle que intentara estafar a otra persona. Ahora simplemente vengo y lo posteo.

Abrí un blog de traducciones.

Hoy un maestro se abstuvo de devolverme el saludo. Procuraré tener una actitud diferente hacia él sin que se esto se extienda al resto del mundo.

El título de esta entrada no significa nada, fantaseaba con que nadie entendiera lo que digo de manera justificada por primera vez

Otra línea para decir que planeo recuperar la tradición de contestar todo comentario que dejen aquí.

domingo, 24 de octubre de 2010

Spazztube 2.1


Dando clic aquí (primero saluden al hombre que arriba utiliza el micrófono como dardo) irán a mi más reciente colaboración para Spazz: una serie de comentarios breves acerca de los siguientes temas:

Speedway
Teenage Love
I'm Down
Weekend Without Make Up
La Madrague

¿Quieren saber a qué artistas corresponden? entonces hagan lo que les digo y disfruten de los videos incluidos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

En gratitud

(Imagen tomada de aquí.)

Estaba sentado en la banqueta. Son muy cómodas. Si un día voy a ser atropellado espero que sea sentado. Vaya desgaste eso de tenerse que poner de pie para morir. Miraba el cielo, que es lo que hacen las personas cuando no hay televisión. Segundos atrás había echado un vistazo alrededor. Nadie interesante; ninguna sonrisa. Iba a perder la mente. Las nubes estaban bien, tenían formas. No las alcanzaba a comprender, no importaba, lo mismo pasa con algunas pinturas que son consideradas obras maestras. No dibujo ni bien ni mal lo cual es una pena, me encantaría ser caricaturista. Pienso en eso cuando un vagabundo se posa a mi lado. Huele mal, ¿dónde se bañan los vagabundos? Alguna vez lo tienen que hacer, creo yo. La fantasía infantil de escapar de casa tenía algo claro: iré a Sanborns a lavarme las manos y la cara a diario. Quiero ser un indigente de categoría. Sería famoso, las propinas serían constantes. Los clientes preferirían dar cinco pesos a una mano limpia que a una ennegrecida. Higiene ante todo.

Las nubes se fueron. Ya no podía verlas. El hombre estaba cerca de mí. No era sólo su pestilencia, había otras cosas que me distraían. Noté que me miraba. -¿Se le ofrece algo? -le dije-, Me está estropeando la velada. -Yo a ti te conozco -respondió. Para mí todas las personas de la calle son iguales. Tienen una mirada similar, están sucios y pidiendo dinero. La ropa que llevan suelen estropearse al máximo por lo que termina por llegar a sus bases: se convierte en tela sin más. Luego el vello facial los cubre, es imposible mirar un lunar que los identifique. -No lo conozco, jamás lo había visto en mi vida y espero continuar de esa manera-contesté. Me levanté. Crucé media calle cuando el vagabundo gritó mi nombre. Decidí regresar.

Necesito un Dobermann. Tengo un gatito que no está dispuesto a morir por mí. El maldito sólo me quería por mi dinero, por mis croquetas. Como una mujer interesada sólo que en modesto. Pude haberme ido de ese lugar pero prefiero el miedo que la duda.

-¿Cómo sabe mi nombre?
-¿No te acuerdas de mí?
-Conozco a un par de embajadores, espero entienda que no presto mucho interés a los de su estilo.
-Una vez me diste una moneda.
-Veo que no le sacó provecho.
-Olvidé darte las gracias.
-No importa. Quien da limosna lo hace más por satisfacción propia que ajena.
-No te lo dije aquella tarde, pero soy un escritor. O lo era, no sé. El caso es que a nadie le gustaban mis poemas. Soy pobre porque lo único que sé hacer escribir. Si supiera pintar casas lo haría. Si pudiera hacer esculturas lo haría. Si fuera capaz de estafar no estaría aquí platicando contigo. Amigo, yo sólo sé escribir, lo cual es una condena cuando nadie te admira. A falta de lectores he tenido que recurrir a pedir dinero.

Sentí algo de pena por él.

-No se preocupe. La gente ya no lee. Mire a Kafka, a Dostoievski, escritores de primera línea que apenas son leídos hoy en día. Apuesto a que nadie en esta calle es un lector ávido. Pregúnteles por esos dos, muchos pensarán que el primero es un faraón egipcio y que el segundo un deporte de alto riesgo. Usted está como ellos. Con la diferencia de que le falta tener libros en la biblioteca, ser parte de algunas enciclopedias y de tener la característica de los grandes escritores: ser respetado sin haber sido leído...
-Tome, es un poema que escribí el otro día.
-No hace falta, hombre.
-Tengo decenas, acostumbro darle uno a todo aquel que se apiada de mí. Ahora me acerqué a usted porque la última vez que nos vimos no traía ninguno. Se lo debo.
-Ahora me tengo que ir, tengo que regar una planta.
-Nos veremos luego.

Llegué a casa. Me lavé las manos. Puse un disco de Neil Young. Abrí el papel que me dio.

Decía:

perdí a un amigo
tenía dos vueltas
una la conocía
era la mía.
le invité un trago
ya se lo había bebido,
estaba la distancia,
él y yo,
solos con el líquido.
para quién escribo,
no sé,
la manera en que vivo,
hace que pase el tiempo
mas no la vida,
así que alzo la pluma,
transfiero palabras
para que alguien,
que tenga sombra,
las salve.

lunes, 11 de octubre de 2010

Maestra Juanita


Recuerdo el año que viví en Monterrey con mucho cariño. En ese entonces era demasiado joven para darme cuenta, ahora doce años después puedo decir que esos 365 días fueron de lo mejor de mi vida. Simpatizo con la ciudad, me duele un poco ver que ahora se encuentre tan mal cuando hace no mucho era para mí cercano a un paraíso. En casa hasta el último mes no tuvimos estufa, no era necesario. Nos la pasábamos en restaurantes, o en puestos de comida callejera. Cada domingo era costumbre ir a un buffet, al de los Generales o al de algún hotel como el Holiday Inn. Subí como veinte kilos. No me percaté, como tampoco caché que había agregado palabras como "vato", "huerco" y "morro" a mi vocabulario. Tengo decenas de anécdotas. Vivía en un departamento, tenía muchos amiguitos: los de la colonia y los de la escuela. Iba en tercero de primaria. Al principio fue complicado porque cuando entré ya todos se conocían. Eran amigos del alma que estaban juntos desde maternal. La gente ahí era sociable, divididos en tribus que no se separaban hasta la universidad. Entonces llegué yo, como el único ente extraño a los alrededores. Me habían dicho que no hablara como chilango ni que mencionara nada del DF porque eso me haría ganar enemigos. No sé, nunca hubo necesidad. Todo transcurrió normal. Fui recibido cálidamente en una escuela pintada de guinda que más bien parecía rosa. Es desagradable que por querer tener una apariencia distintiva los colegios acaben recurriendo a despropósitos semejantes. No, todo iba bien. En la colonia era mejor, quizás hable algún día de ello. Por el momento me limitaré a contar de la maestra Juanita, la negrita en al arroz de esa excelente temporada.

Yo veía que los de primero, segundo, cuarto, quinto y sexto tenían maestros jóvenes y de aspecto simpaticón. Los envidiaba porque Juanita era todo lo contrario, era alguien a la vieja usanza, llevaba ropa vieja y pasaba de los sesenta años. Yo le caía mal. Una vez le entregué mi tarea escrita con letra cursiva y ella no creyó que estuviera hecha por mí. Decía que la letra era demasiada bonita y que yo escribía feo. Me pidió que pasara al pizarrón para hacer una prueba comparativa, -a ver, escribe una M -me dijo. Lo hice, y me salió horrible. Obviamente no es lo mismo escribir en un bello cuaderno con un lápiz bien afilado que hacerlo con un gis moribundo. No necesitó más, ninguna explicación la convenció. Fue la primera vez que me quedé sin recreo.

Era un buen estudiante. De esos que sacaban 8.1 de promedio. Así había sido en los dos primeros años de primaria. En Monterrey todo cambió. La maestra se ensañaba tanto conmigo que llegó el momento en el que dejé de esforzarme. Recuerdo haber pensado "si me va a regañar que al menos lo haga con motivos", fue así que empecé a dejar de poner atención, de estudiar y prepararme para los exámenes. Creo que fue ahí cuando inició la tendencia de mal estudiante que continuaría hasta la preparatoria.

A la mitad del curso hicimos un examen bimestral. Días después la profesora nos dejó ver los exámenes calificados para ver en qué nos habíamos equivocado. Había un seis bien remarcado con rojo en el mío. No le dí importancia, lo guardé en mi mochila. A la mañana siguiente Juanita me estaba esperando en la entrada a la escuela. Me pareció muy extraño. Olvidé decir que tenía un ojo desviado, bizco como se suele decir. A veces costaba darse cuenta que te estaba mirando, Luego de dudarlo unos segundo me interceptó. -Vamos a la dirección -dijo. Ahí estaba la directora de la escuela. Se veía enojada, los ojos de Juanita eran una belleza a lado de los suyos que parecían de pistola.

-¿Dónde está el examen?
-En mi mochila.
-¿Y qué hace ahí?
-La maestra nos los dio.
-No es cierto, directora. Se los presté un ratito para que los vieran nada más.
-Sí se los dio entonces-
-Bueno...sí, pero todos lo devolvieron excepto él.
-No sabía que lo teníamos que regresar.
-Se los dije clarito, joven. No me haga quedar mal por favor.
-Acaban de violar el reglamento interno de la escuela.
-...
-...
-Usted váyase a clase en lo que hablo con la maestra.

Todo un drama sólo porque me había llevado une examen dizque oficial a mi casa. Imagino que hubo un fuerte regaño de por medio porque al otro día Juanita me anunció que estaría dos meses sin recreo. Dos meses, sí. A diario veía cómo todos salían corriendo con el sonido de la campana. Menos yo que me tenía quedar en el salón frío y su focos ahorradores de energía. Cuando no llevaba lunch me daba cinco minutos para ir a comprar algo a la tiendita. Luego regresaba a hacerle compañía. Ahí estábamos los dos, sin decir nada. Ella con su chayotes al vapor y yo con mis sincronizadas frías. De lejos se escuchaban gritos de diversión, celebraciones de gol, risas , caídas. Miles de instantes irrepetibles transcurrían conmigo sentado en un pupitre.

La malvada no se rindió, ¿no tenía otra cosa que hacer? No, no se llevaba bien con los maestros. Una vez le pedí a mi ángel de la guardia hacerla cambiar de parecer. Algo me decía que luego de una o dos semanas se hartaría y levantaría el castigo. No sucedió. Probablemente no quería estar sola y yo era su justificación. No tenía a nadie en el mundo, así que sólo le quedaba joderme a mí. Fantástico.

Creo que los dos meses se extendieron, perdí la noción del tiempo, el caso es que perdí muchos recreos hasta que un día dijo las palabras mágicas:

-Ay, Carlos, ya vete. Diviértete.

Animado, salí corriendo con una sonrisa de oreja a oreja que se vio fracturada con el sonido de la campana. El tiempo de descanso había terminado justo cuando llevaba catorce segundos afuera. Miré hacia atrás y por primera vez la vi sonreír.

***

Debo decir que esto no fue lo suficientemente fuerte para arruinarme la vida. Semanas después de terminar el curso dejé Monterrey junto con mi familia para no regresar. Me pregunto si esta señora seguirá dando clases, y si tendrá ahora otras víctimas. Ya les contaré de algunos otros de mis maestros en otra ocasión.

jueves, 7 de octubre de 2010

El mundo necesita más árbitros alemanes


Para quien no se haya enterado: el video pertenece a un partido de la segunda división alemana. En medio de una jugada, Peter Niemeyer del Hertha BSC intenta tocar el hombro de la árbitro Bibiana Steinhaus. Antes de lograrlo, la mujer da un paso atrás por lo que el jugador termina por tocar ligeramente su seno izquierdo. En lugar de enojarse, hacer como no que pasó nada o sacar una tarjeta amarilla, Bibiana se echa a reír.

Me encantó la reacción. Da gusto que todavía existan personas con sentido del humor, que aun en el trabajo, sepan relajarse y entender que hay algunos errores que no merecen el drama. Ojalá todos siguieran su ejemplo. Y no estoy diciendo que salgan de sus casas a manosear mujeres, ni que, si son chicas, permitan que cualquier desconocido se aproveche de ustedes. No, lo que quisiera es que todos nos relajemos un poco. Las calles están llenas de individuos que se ofenden y te echan bronca si apenas los rozas con el hombro al pasar a lado de ellos. Acá tenemos la idea de que los alemanes son todos fríos y que los latinos somos cálidos y amables. Y no, gran parte de la gente es todo lo contrario. Andamos muy alterados, cualquier pequeñez es motivo de furia. Tranquilos. Estamos llenos de fallos, cuando menos burlémonos de ellos. La menor sonrisa es mejor que cualquier coraje.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Trayectoria criminal




Hoy estaba tan dormido que estuve a punto de robar un libro. Cada que me aburro y tengo unos minutos de sobra entre clases voy a la biblioteca. Ya he hablado un poco de ese lugar acogedor el cual brilla por su poca ventilación. Tienen algunos buenos títulos, alguna vez pensé en sustraer uno, cambié de planes cuando lo pude conseguir por mi cuenta. Analicé la situación y llegué a la conclusión de que, como nadie lo leía, no afectaría mucho que lo "perdiera" y pagara la multa. No era una atrocidad. Poco después preguntando en Porrúa resultó que me lo podían conseguir; una edición ochentera ligeramente fea. Leíble, eso sí.

Desde entonces todo siguió normal. Hasta hoy, que el maldormir me tuvo sin concentración. Luego de leer más o menos tres páginas decidí irme del sitio. Al cruzar la puerta empezó a sonar una alarma escandalosa (como toda buena alarma). Genial, traía el libro junto con mi libreta y copias. No me había dado cuenta que lo llevaba conmigo. Tampoco creía haberlo dejado, nada, simplemente no pensaba. La dependienta del la biblioteca se acercó a mí, le entregué el mamotreto rápidamente. Ni siquiera me disculpé lo suficiente, en otras circunstancias hubiera iniciado un discurso para limpiar mi imagen, algunas palabras para que creyera que fue sin intención. Le habría contando sobre la pésima semana que he tenido, que tenía sueño. No lo hice, se lo dí y me fui rápidamente. Estaba muy cansado.

Lo malo de tener un blog añejo como este es que ya no te acuerdas bien si ya contaste algo. Recientemente sobrepasé los 300 posts ¿Ya escribí de la vez que robé unos carritos de un Aurrerá? No lo sé, de todas formas ya que estamos en esto vale la pena contarlo.

Tenía ocho años. Era todavía más inocente que ahora. Los surpermercados tenían menos ofertas y más ilusión. Había unos aviones y carritos de juguete encantadores. Traían un impulsor que al ser presionado los hacía salir disparados. Muy bonitos. Los tomé y le dije a mi papá:

-¿Cuál me quieres comprar, el avión o el carrito?

No entendí por qué se río. No sólo le estaba dando la oportunidad de comprar algo divertido (mucho más que los alimentos que llevaba), además le estaba dando opciones a elegir. Tenían tan buen corazón que, aunque me gustaba más el carrito, le daba la última palabra a él. No fuera que se sintiera triste por mi elección. Dijo pídeseloalosreyes o alguna palabra que no entendí. Yo no podía hacerlo. En México hay millones de niños y en la tienda sólo tenían veinte juguetes así. Si parpadeaba se acababan. No había otra opción. Me llevaría los carritos y para compensarlo no le pediría a los reyes eso, sino un juego de nintendo. Era lo más justo que podía hacer.

Estuve unos veinte minutos haciéndome tonto hasta que mis padres terminaron las compras. Cuando se se dirigieron a la caja los perseguí. Tenía la caja del juguete en mis manos. Las coloqué a mis espaldas para que no lo notaran. Imitaba el andar de Sherlock Holmes sin saberlo. Seguí en la mía hasta llegar al auto. Antes de salir un policía se me quedó viendo. Le sonreí, y me devolvió el gesto. No sonó ninguna alarma.

Debo decir que no me sentí mal. Hoy en día no lo haría, no por miedo, por cuestiones éticas. Pero en aquel tiempo no estaba tan consciente de lo que hacía. Y no es que fuera por la vida como un demonio, al contrario, era tranquilo y educado. Tenían miles de artículos en Aurrerá. Sólo pagaban los adultos. Ellos a quienes les daba pena caminar raro y sonreír a la autoridad.

Y ahora soy así.


martes, 5 de octubre de 2010

No me duerman que estoy despierto


Although I laugh and I act like a clown. Beneath this mask I am wearing a frown.

Urge que cambie hábitos de sueño. la humanidad lo necesita. Tres veces a la semana entro a las siete y dos a las ocho. Para el primer caso me baño en la noche, para el segundo en la mañana. Poco a poco he ido prolongando el límite para dormir. A los doce años era simpático irse a la cama a las doce y media. A la una a veces. A los quince la una se consolidó como hora de almohada y ahora casi a los veintidós lo más común es que duerma a las dos y media. Lo cual es un problema. Uno grave, no es cualquier cosas dormir cuatro horas. Puede que luego tome una siesta en la tarde, está bien, mas no es igual. Incluso a veces acabas peor. Duermes, digamos, hora y media, bien, ese periodo que no es ni corto ni largo hace que despiertes en estado zombi. Entonces es media hora o una hora más en lo que despiertas por completo. Eso significa que si la tomo a las cinco tendré que esperar hasta las siete (o más) para desarrollar una actividad física o intelectual de manera decorosa.

En las pasadas vacaciones con cierto dejo de inocencia había tomado la determinación de hacer tres cosas a diario:

  • 1) Ver una película
  • 2) Escribir durante una hora
  • 3) Leer

Lo primero resultó francamente imposible. Estar 120 minutos frente a una pantalla es demasiado cuando una combinación de ansiedad, deberes y necesidad fisiológicas se cruzan en el camino. Lo segundo también; terminé por caer en cuenta de que con este ritmo sólo me quedan seis horas productivas. A lo mucho le puedo dedicar 30 minutos, en el mejor de los casos. La lectura es lo que más o menos he mantenido. Eso sí, mi ritmo bajó dramáticamente en los últimos dos meses. Ese primer semestre de 2010 en el que leía seis o hasta siete libros al mes ha pasado. En Septiembre a duras penas leí uno. Siento que algo anda mal con el tiempo. Siento que me dan menos de lo que me corresponde. Algún lacra debe estarse quedando con esos segundos que tanto extraño. Hay una anciana, la conocí el otro día. Tiene 94 años, se ve perfecta. Ríe y bebe. Mueve los brazos, platica, come, respira. Está mejor que yo, investigaré si no es ella.


lunes, 4 de octubre de 2010

Ropa vieja


Soy malo para recordar nombres de calles así que no les inventaré una, sólo diré que iba caminando por una de ellas cuando vi un aparador repleto de playeras. Esto comúnmente no significa nada especial, más si tomamos en cuenta que compro ropa más o menos cada que se inauguran los juegos panamericanos. Pasa que llevo meses buscando una camiseta negra con el logo de los cazafantasmas y vi en ese lugar una posibilidad seria de encontrarla.

Cuando entré a la tienda vi tantos colores que eché un vistazo rápido en busca de una olla de llena de oro protegida por un duende. En su lugar estaba la encargada del lugar dándome las buenas tardes. No todos los días se puede tener suerte. Ni hablar, es algo que he comprobado a diario.

Playeras rosas, diseños con flores y corazones... no veía a ningún fantasmita por ahí. Al parecer en ese lugar tenían algo contra los seres sobrenaturales.

-Disculpe, buena mujer, ¿Dónde se encuentran las playeras de hombre?
-Son esas.
-¿Cuáles?
-Esas, las que acaba de ver.
-¿Las rosas y verde fosforescente?
-Sí, se están vendiendo mucho.

Entiendo que los hipsters busquen a toda costa un modo alternativo de estilo, entiendo a que haya personas a las que les guste arruinar la vista de los demás, entiendo que debe existir apertura... ¡Pero esto es excesivo! Las divisiones de la moda y masculina se reducen paulatinamente. Llegará el día en que la única diferencia entre la ropa de mujer y la de hombre sea la persona que las usa.

Si hubieran tenido un buzón de sugerencia pediría que incluyeran diseños relativos a las películas de Stallone para compensar la situación. Como no, vengo y hago este post.

Vean si no cómo se vestía hace unos cien años:



Como pueden ver hay una diferencia clara entre ambos sexos. La hembra luce una bella falda con blusa escotada. Para resaltar su femineidad incluso trae accesorios de la más alta manufactura como lo son el machete y la carabina. A la derecha, el esposo va descalzo (los zapatos son invento para niñitas), con un pantalón que leguas se nota, raspa; una camisa obscura ataviada con un pañuelo. Todo coronado con un sombrero y un trapo que le cubre media vista. Un aplauso respetuoso para él.

Vean en cambio la degeneración a la que hemos llegado:

Si bien el chico que trae los audífonos puestos puede pasar por alguien relativamente decente (no así su cabellera excesivamente cuidada), el pelirrojo resulta perturbador por donde se le vea. La atractiva dama que posa en medio de la fotografía tendría más posibilidades de entrar en una convención de misóginos que él. Comúnmente la camiseta sin mangas es usada por sujetos petulantes que gustan presumir de levantar y bajar pesas (huy, denles las llaves de la ciudad), este no es el caso, en esos brazos hay menos músculo que en una barra de aluminio, así que no hay cómo justificar semejante vestimenta. Igual mis fuentes no ofrecen mayor información por lo que esa imagen bien pudo ser tomada en una fiesta de disfraces, por lo que prefiero no juzgar...

El anterior es un ejemplo light (no hay por qué inundar el blog de imágenes gore) , he visto casos extremos de supuestos hombres con jeans fucsia que dejan bastante qué pensar. Lo importante es recalcar un hecho trágico: ¡Sigo sin encontrar la maldita playera!



*Mujeres: Manden al diablo los limitantes pantalones y regresen a las faldas. De las cortas, por aquello del calentamiento global.

Hombres: Dejen el guardarropa de sus hermanas en paz.

sábado, 2 de octubre de 2010

Mi mamá me Momus


Es imposible que cague si no tengo algo para leer entre manos. Una vez un maestro nos dijo que lo único que nos diferenciaba de un animalito cualquiera era que nosotros podíamos leer mientras defecábamos. Eso nos humanizaba, y hacía menos humillante la experiencia. Ya desde antes de esa clase era para mí obligatorio llevar una revista o un libro para acompañar. Hay gente que no tiene la costumbre, lo experimenté y (sufrí) la vez que fui a la casa de un familiar político. El maldito no tenía un revistero ni un libro a la vista. Generalmente no uso baños públicos o ajenos. Esa vez me urgía. Y no quedaba de otra. Estaba en un dilema porque necesitaba bajar doscientos gramos pero no había nada qué leer. Me debatía entre la obligación orgánica y mis principios. Cuando no aguanté más, decidí sentarme para cagar mientras leía toda la información que venía en la parte de atrás de una pasta dental. Ingredientes, recomendaciones, números de atención al cliente, dirección de la fábrica. Necesitaba mirar letras. Luego seguí con un enjuague bucal.

En casa es otra cosa. Tengo un gran regimiento de lecturas para estas ocasiones. La semana pasada tomé un viejo ejemplar de Rockdelux. Ya sentado me di cuenta de que ya casi me la sabía de memoria. Cada artículo, cada reseña, cada columna. Todo había pasado por mis ojos. Vaya desperdicio, me dije. Es una pérdida de tiempo releer algo de lo que todavía te acuerdas. Luego hojeé la mágazine esta, y encontré algo desconocido. Era una entrevista que la verdad me apetecía poco. Traía la foto de un tipo con un parche en el ojo. Era feo. Si hubiera tenido la opción de leer una entrevista a Paris Hilton la hubiera tomado. Pero no. Esa era la única página de las noventa que conformaban la publicación. De hecho era la última.

Sin otra alternativa empecé a ver lo que el tipo decía. No era ningún tonto, me di cuenta de inmediato. Sus respuestas eran buenas y simpaticé con él. Casi al principio empezó a hablar sobre aquella célebre frase de Andy Warhol en la que decía que en el futuro todos seríamos famosos por quince minutos. Momus (así se hace llamar aunque su nombre real es Nick Currie) lo corregía, y decía que lo que tenemos, gracias a Facebook y las redes sociales, es una sociedad en la que todos somos famosos para quince personas. Según esto él creía, años atrás, que internet lograría segmentar el mercado de manera que llegaría el momento en el que el mainstream desaparecería. Hay tantas opciones, tantos blogs de descargas, tantos banditas de Myspace que es imposible concentrarse en un sólo grupo. Ya no habrán un fenómeno como la Beatlemanía. Luego agregó que recientemente había cambiado de opinión. Facebook no había evitado que todos siguiéramos al pendiente de lo que hacía Madonna. U2 sigue llenando el estadio azteca.

Otra cosa que me llamó la atención fue su simpatía por los trolls de internet. Según Momus la gente de internet se toma demasiado en serio así misma y cree que los Trolls son lo más cercano a artistas cibernéticos. Los compara con Gainsbourg y Jacques Brel (a los que llama "Trolls con discurso") por provocadores.

A la mitad estaba completamente enganchado a sus palabras. Mis necesidades fisiológicas habían concluido, no así las ganas de terminar con la entrevista. Venía un extracto de la letra de una de sus canciones llamada "The Homosexuals" la cual dedicaba a obreros de la construcción que lo insultaban y lo llamaban gay cada que pasaba cerca de donde trabajaban. En sus actuaciones en vivo cambiaba el "ellos" por "tú" para incomodar al público, mirando directamente a uno o más de los asistentes haciéndoles creer que se dirigía a ellos:

Tu sordera pasa por amor a la música,
me llamas homosexual,
pero no voy a sacarte de tu error,
mejor me acostaré con tu mujer,
y le haré cantar notas de placer,
que tú nunca escucharás.


El texto continúa en ese tono, más adelante se mete con Alan McGee quien alguna vez lo acusó de hacer "música de clase media". Currie antes era un artista de Creation, luego se salió por diferencias. Para él, Mcgee está obsesionado con eso del conflicto de clases, cuando debería estar más preocupado por el estado de la música indie que se la ha pasado siendo un reciclaje de lo que se hacía en los setenta.

Un personaje interesante, sin dudas. Luego investigué para enterarme que el parche del ojo no lo usa por cuestiones estéticas. Perdió la visión luego contraer una enfermedad por usar un lente de contacto sucio. En 1999 sacó un álbum titulado "Stars Forever" con treinta temas, cada uno escrito especialmente para una persona. Las hizo por encargo, ofreció sus servicios a mil dólares por canción.

Dejo dos para quienes no lo conozcan:




En ATN.

viernes, 1 de octubre de 2010

Mierda de artista

La de arriba es una de las noventa latas que tuvieron la fortuna de alojar 30 gramos de mierda auténtica de un artista italiano. La envidia de toda letrina, vamos. Piero Manzoni fue un provocador que constantemente hizo una crítica al mercado del arte en sus obras, a las cuales cargaba de fuertes dosis de egocentrismo. Entre las las más llamativas se encuentran "Sculture Viventi", una base mágica que convertía en una escultura viviente de su autoría a todo el que se subiera a ella; "Fiato d'artista", globos que contenían su bendito aliento; otras curiosidades incluyen performances en los que invitaba al público a comer huevos que traían marcada su huella dactilar y la creación de líneas trazadas sobre tiras de papel resguardadas dentro de tubitos certificados.

A diferencia de quienes venden la ociosidad y la simpleza como arte conceptual, bajo el amparo de cómplices disfrazados de expertos, en Manzoni siempre prevaleció la burla y el desprecio hacia aquello que lo recibía con los brazos abiertos. Basta decir que "Merda d'artista" valía literalmente su precio en oro y que, con el tiempo, su valor fue aumentando, hasta nuestros días en los que cada latita se valora en unos 30000 euros. Sería interesante conocer la opinión de este hombre sobre el hecho de que lo que un principio se trató de una ironía poco sutil, se haya convertido en un ladrillo más de la pared del despilfarro masturbatorio del coleccionista moderno; nos tendremos que quedar con la duda, gracias a tuvo la mala idea de morir hace ya casi cincuenta años.

Cuando el dadaísmo se aburguesó, cuando se convirtió en un refugio fácil, hubo necesidad de criticarlo. Siendo el dada un movimiento contestatario, bien podríamos definir los trabajos de Manzoni como críticas a la crítica. O también como un "anti anti-arte".

El contenido de las latas ha sido cuestionado en varias ocasiones. Cualquiera que haya defecado alguna vez, sabrá que la idea de juntar y distribuir caca no es tarea fácil. Recordemos las veces en que nos han hecho llenar frascos de Gerber como prueba de ello. Algunos creen que dentro de esos contenedores hay otras cosas como puré de papas o mierda de canario (sin instrucción artística). La verdad es que da igual, lo importante es el significado y la leyenda que los rodea. Por lo mismo casi ninguno de los propietarios ha tenido prisa de ir a la cocina para hacer uso de un abrelatas y comprobarlo. Excepto por uno, que años atrás se atrevió a investigarlo para darse cuenta de que lo que había adentro, era otra lata de mierda.

Dalí decía que la diferencia entre una fotografía y una pintura de Velázquez eran seis millones de dólares. Probablemente lo que nos separe de una galería sea la cadena del inodoro. Ténganlo en mente.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Elinéa


Acomplejada por su extrema delgadez, la línea decidió comer puntos para engordar. Como entrada optaba por un punto y aparte, de plato fuerte se servía dos puntos; eso sin contar los días en los que más tenía hambre en los que terminaba por zamparse cuatro órdenes de puntos suspensivos. Tragaba y tragaba. Todos los días. Lo que ella no sabía, es que no sólo no engordaba, sino que también crecía, haciendo de su flacura algo tan evidente como su gula.

Una buena salsa




Casi no uso la biblioteca de la escuela. Nada en contra de los libros, los quiero. Huelen bien. Tanto los viejos como los nuevos.

No voy porque considero que la lectura es una experiencia personal y como que eso de tener entre las manos un libro que ya tocaron otras trescientas personas le quita un poco de encanto al asunto. No es TU libro, es el libro de todos. Por esa costumbre he gastado dinero que podría ahorrar o utilizar en otros asuntos. Aunque no sé bien en qué. No sé en qué gastar el dinero. tengo alimento y techo gratuito. La universidad en la que estoy es pública y la cuota anual ya está cubierta desde hace tiempo. No me gusta salir. ni a museos ni al cine, ni a la esquina. No gasto en nada. Lo que menos haría sería soltar un peso para ropa. Conozco a gente que se compra una camisa a la semana. Un pantalón al mes. Yo no, me da un poco igual. Si por mí fuera usaría lo mismo todos los días. Pero no, debo admitir que me pesan las convenciones sociales por lo que procuro variar el atuendo cada dos o tres días. También he dejado de comprar discos y películas, ahora todo lo bajo por internet. Lo único que hago con el poco o mucho dinero que tengo es gastar en libros. Hace poco se acumularon demasiados. Hubo una tarde en el que compré cerca de diecisiete libros. Conozco gente que no ha leído esa cantidad en toda su vida. Me dejé llevar, estaba en una calle de librerías de usado y bueno, agarré algunos que ni siquiera eran urgentes. Los llevé a casa y se volvieron un peso importante. No me gusta acumular, así que decidí no volver a comprar hasta que terminara de leer esos. Ahora quedan cuatro, podrían ser menos si no hubiera sido porque traicioné el principio. Compré otros cuatro libros en el inter. Unos bonitos de Anagrama.

Llevo una semana sin leer. Acabé saturado. ya me dolía la cabeza. Necesito desintoxicarme. There's more to life than books, you know. De pronto empecé a confundir historias y a olvidar rápidamente lo que páginas atrás había sido un deleite. De vez en cuando viene bien descansar. Ver algunos partidos de la NFL, ver películas tontas. Leer una revista. Eso. Te relajas y luego regresas con más fuerza. De nada sirve estar exprimiendo el cuerpo sólo por cumplir. La lectura debe ser un gusto, no una obligación.

Entré a la biblioteca porque no tenía nada que hacer. La diez personas a las que les caigo bien estaban en clases. Estaba solo. Rodeado de decenas de personas. Me senté en un sillón. Ahora no había un celular para regresar a su dueño, lo cual agradecí. Nunca seré un héroe y a lo máximo que aspiro en esta vida es a un gracias. Cerca de mí estaba una chica un tanto extraña. Tenía el cabello hasta la espalda. Esponjado. Leía un libro. Yo había agarrado uno sólo para disimular. La verdad es que no tenía ganas de nada. No recuerdo cual era. Agarré el más gordo de los que había con la intención de pasar por alguien decente. Creo que no lo logré porque nadie me dio los buenos días.

Estaba aburrido así que inicié la plática con la esperanza de tener suerte por primera vez en el año.

-Oye, ¿qué estás leyendo?

No me hizo caso. Vi que tenía puestos los audífonos.Agradecí que el lugar estuviera semi vacío. Nadie se dio cuenta del ridículo.

Me rendí. No era mi día, no era mi semana. No era mi mes, ni siquiera mi año. Probablemente no fuera mi década ni mi vida. Cuando reencarne en una oruga todo irá mejor. Ahora pago el karma que debo, luego vendrá la gloria y terminaré siendo una bella mariposa que, con suerte, podrá ser disecada.

Estaba al borde del sueño cuando de pronto escuché una voz.

-Disculpa, ¿me puedes decir la hora?

Era la chica que minutos atrás me había ignorado por escuchar a Enrique Bunbury o algo similar.

-Las once y media.
-Gracias- me dijo.

Aproveché la oportunidad para repetir mi pregunta. Ahora sí me contestó. Hablaba medio raro. Parecía una niña de doce años.

-Eh, se llama "El búfalo de la noche".

No podía perder la oportunidad. No conocía esa novela, sólo sabía que la habían hecho película. Noté que tenía el separador en las primeras páginas. No iba muy avanzada. Quería platicar con alguien, dios. No podía negarlo, estaba terriblemente solo y no tenía otra intención que entablar una conversación sana sobre cualquier cosa. Fingí ser fan de Guillermo Arriaga.

-Lo leí el año pasado. Bastante bueno, cuando vi la película terminé decepcionado. No le hace justicia. Cada personaje está cargado de una fuerza enternecedora. Lloré con el final.
-¿En serio? Apenas lo voy empezando.
-Por eso mismo no te cuento ningún detalle, no te quiero arruinar la experiencia.
-No importa. Mira, un maestro nos dejó un trabajo al respecto y lo tengo que entregar para mañana.
-Qué hombre tan miserable.
-Ayúdame, nada más dime más o menos de qué trata.

Le inventé una historia. Le dije que trataba de unos cazadores que un día encontraban un búfalo de dos cabezas al que intentaban disparar todas las noches sin éxito. Me creyó e hizo su trabajo al respecto. Espero no volverla a ver. Porque me reclamará y yo sólo quería a alguien con quien platicar.

martes, 28 de septiembre de 2010

Radio, radio


Mi madre tiene la costumbre de dejar el radio prendido todo el día. Desconozco las razones, lo único que sé es que apenas pone un pie fuera de la cama va y sintoniza alguna estación, mayoritariamente de noticias.

Costumbres antiguas, sin duda, porque aunque todavía hay alguno que otro estudiante que se dedica a hacerlo, la mayoría hemos dejado a las radiofrecuencias como un mero recuerdo de la vida poca llevadora que existía antes del desarrollo de internet de manera comercial.

Que yo recuerde, hubo un breve periodo en el que me enganché a el radio. Calculo que habrá sido hace unos ocho años cuando no tenía una computadora personal con la cual desvelarme. Ya sabrán que una vez descartados el buscaminas y la pornografía no quedan muchas alternativas con la cual acompañar al insomnio, así que era común que buscara en alguna estación algo relativamente agradable.

Contrario a lo que podría pensarse, no lo hacía por la música, lo que quería era radio hablada. De cierto modo sigo creyendo que hay algo especial en estar escuchando en vivo (y en eso pierden puntos los podcasts) a alguien de voz misteriosa hablando de cualquier cosa. Cuando encima no tienes televisión por cable, lo que uno más quiere es algo que mantenga activa la mente que en la obscuridad suele perderse entorno a pensamientos depresivos. Wait...

La música me importaba tan poco que llegué a escuchar programas nocturnos de música grupera (género que aborrezco) en los que habían conductores carismáticos. Uno de ellos se llamaba "Hijos de la madrugada" y lo conducía un tipo que se hacía llamar con el elegante apelativo de "El gato". Me gustaba porque no traía la dinámica estúpida de hacer bromas pesadas a quienes se encontraban descansando en la falsa seguridad de sus almohadas. Por cada dos canciones venían varios minutos en los que recibía llamadas del público (en su mayoría mujeres) que contaban penurias amorosas y demás temas que satisfacían a nuestros espíritus metiches en la comodidad de nuestras camas.

Estuve varios meses oyéndolo. Llegó un momento en que consideré adherirme al mundillo grupero. El locutor, y todos los que llamaban parecían personas agradables, ajenas al cliché de maleducación y vulgaridad en el que los tenían encasillados. Por si fuera poco, con el tiempo empecé a identificar a algunos grupos, y había unas cuantas canciones que me resultaban agradables de las cuales ya no recuerdo sus títulos. Todo iba perfecto, pero cuando estaba a punto de pedirle a mis padres que me compraran unas botas y sombrero, descubrí con terror que debido a su creciente popularidad, los ejecutivos de la Ké Buena habían tomado la decisión de cambiar al gato a otro horario (al de la tarde), siendo sustituyendo por una tal "Ardilla", una joven dicharachera que aportaba más estridencia que contenido a las dos horas que duraba la emisión. La comunión existente entre los hijos de la madrugada se perdió ya que la nueva conductora era más burlona. Se extrañaba la presencia del consejero reflexivo de su antecesor.

Ahí me di cuenta que por más que quisiera la música grupera no me iba a entrar del todo. Le había agarrado el gusto, acaso por la combinación de entretenimiento aportado por el contenido que había entre una canción y otra que por la música en sí. O quizás haya sido porque La ardilla no tenía buena mano para eso de seleccionar temas. Sigo sin saberlo.

La verdad es que aunque El Gato me caía bien, no estaba dispuesto a escucharlo a las dos de la tarde. Más allá de que a esa hora estuviera en la escuela, lo que yo quería era compañía auditiva nocturna. Una vez dejando de lado a la Ké Buena, emprendí una nueva exploración con la esperanza de encontrar algo similar. No tardé mucho en hallar unas voces interesantes en Los 40 principales, o en su equivalente en aquel tiempo. Recuerdo que andaba moviendo la ruedita de mi radioreceptor cuando las voces de tres tipos me llamaron la atención. Estaban hablando de los peores baños en los que habían estado, e inmediatamente recordé la vez que por azares del destino usé el de una vecindad en el que una simple cortina separaba al retrete (un cubo de cemento con un agujero, mejor dicho) del patio central donde había decenas de personas platicando. A partir de ahí me enganché. También estaban las llamadas del público que contaban anécdotas graciosas al respecto. Me volví seguidor de aquellos hombres, uno de ellos era apodado Bazooka. Era que el que "menos bien" me caía pero el de mote más recordable. Hubo otro programa de comidas exóticas versión hogareña, en el que cada uno iba contando las recetas a las que tenían que recurrir cuando no había suficiente armamento en la alacena. Basta decir que la más apetitosa de ellas eran una galletas saladas untadas con mostaza. De ahí para abajo, con platillos humillantes desfilando por nuestros oídos.

La música seguía siendo deficiente, pero aunque medio fresa, de vez en cuando caía alguna de The Cure o Duran Duran. Las choteadas de siempre, sí, pero agradables a fin de cuentas.

Aunque "Los Hijos de la madrugada" y "El programa del que no recuerdo el nombre" eran a los que recurría de cajón, también de vez en cuando ponía a Mariana H en imagen, la cual hablaba menos pero era más interesante y con mucho mejor música y al Warpig y al Reverendo con sus 2 horas d'brayan.

Más cambios de horarios y salidas de conductores (para las cadenas era más barato programar música que pagarle a tres idiotas para que hablaran de pipí y popó) sumado a que por fin tuve una computadora en mi habitación hicieron que abandonara paulatinamente la tradición que había adoptado meses atrás. Y aunque ahora he cubierto ese hueco con todo lo que conlleva internet (redes sociales, foros, noticias, blogs, etc.) todavía recuerdo con cariño aquellos días en los que me di cuenta que no era el único chico que estaba despierto a esas horas, con el volumen bajo para no despertar a sus padres.

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