miércoles, 22 de diciembre de 2010

La familia en vacaciones 8


No los ves durante todo el año, jamás te llaman por teléfono, viven plenamente a kilómetros de ti. Tampoco se saben tu correo electrónico. Así es la familia lejana, un pequeño ejército conformado por tíos, primos extraños y sobrinas precoces que viene bien mantener lejos porque de todas formas tienes poco o nada que platicar con ellos.

Se da un extraño fenómeno, y es que, por más que los desprecies, ellos pretenden adorarte. Puede ser hipocresía o tratarse de simple cortesía, el caso es que cuando los ves -generalmente en fechas navideñas-, te tratan mejor que a un monarca europeo.

Te adulan a base de mentiras (¡quéguapoteves!, teníamuchasganasdeverte) al tiempo que te inundan de besos y abrazos que no le darías a nadie que quieres en verdad.

Mágicamente, aquellos que jamás se tomaron la molestia de hacerte una llamadita en tu cumpleaños (el cual pasaste solo, comiendo un pingüino), cambian de parecer y se muestran interesados en lo que ha sido de tu vida. Empiezan tímidamente haciendo un comentario respecto al clima para culminar haciendo esa pregunta clásica:

¿Y que tal la novia/o?

Hacen esa pregunta sin cerciorarse antes de si tienes una (o uno), en un afán de mostrarse cercanos, y en el caso de los tíos de avanzada edad, sonar "alivianado" y "moderno". Y tú no tienes ganas de responder, o, si tienes, no quieres contarle nada a ellos, porque, bueno, son unos extraños para ti. Desconocidos con los que compartes apellido.

Mi posición respecto a estos familiares es neutral. Ni los amo ni los odio. Simplemente me molesta la falsa actitud con la que te abordan. Ya desde niño me jodía un poco que en comidas me sentaran a lado de primos con los que apenas cruzaba palabra sólo porque eran de mi edad. (Eso se repite en las bodas en las que casi no conoces a nadie, por lo que te asignan una mesa que acabas compartiendo con la chaviza en turno, una serie de humanos desastrosos con los que avergüenza convivir).

Tengo un par de primos con los que me llevo bien y varios tíos que me caen simpáticos, a otros los quiero (soy de familia amplia; mi madre tiene seis hermanos y mi padre, nueve). Luego, hay varios que me caen mal y otros que ni fú ni fá, que, curiosamente, son los que más efusividad (ficticia) muestran al verme.

Ahora es difícil que los vea. Llevo más de cinco años pasando la navidad (que era la época en la que nos reúniamos), sólo con mi seres más cercanos (dos hermanos y dos padres). Extraño a ese pequeño puñado de tíos y primos agradables, pero también agradezco no verme obligado a abrazar a aquellos a los que apenas he conocido a lo largo de los años. Les deseo una buena vida, no crean, sólo que no se puede simular cariño donde no lo hay.

En resumidas cuentas, la familia lejana es un conjunto de personas que te llaman con dos únicos pretextos: la desgracia o la fiesta. Qué se le va hacer, queda aguantar y reconfortarse con la idea de que pronto llegará ese periodo de 355 días en los que estaremos apartados de ellos.

3 comentarios:

Blame dijo...

Si, yo tambien tengo, un buen de familia, pero casi siempre solo paso la navidad, con lo que son realmente cercanos.
Y si, se siente raro que alguien a quien apenas conociste hable contigo como si de antiguos amigos se tratara

Pixie dijo...

Lo que me choca es que esos familiares son los que defienden a capa y espada la idea de que la familia es primero y lo más importante sobre cualquier otra relación o cosa.

Te entiendo perfecto. Felices fiestas!!

Bigmaud dijo...

Blame: Aparte luego babean la mejilla con besos, snif.


Pixie: ¡Nada como familias disfuncionales que no se hablan!

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