martes, 5 de octubre de 2010

No me duerman que estoy despierto


Although I laugh and I act like a clown. Beneath this mask I am wearing a frown.

Urge que cambie hábitos de sueño. la humanidad lo necesita. Tres veces a la semana entro a las siete y dos a las ocho. Para el primer caso me baño en la noche, para el segundo en la mañana. Poco a poco he ido prolongando el límite para dormir. A los doce años era simpático irse a la cama a las doce y media. A la una a veces. A los quince la una se consolidó como hora de almohada y ahora casi a los veintidós lo más común es que duerma a las dos y media. Lo cual es un problema. Uno grave, no es cualquier cosas dormir cuatro horas. Puede que luego tome una siesta en la tarde, está bien, mas no es igual. Incluso a veces acabas peor. Duermes, digamos, hora y media, bien, ese periodo que no es ni corto ni largo hace que despiertes en estado zombi. Entonces es media hora o una hora más en lo que despiertas por completo. Eso significa que si la tomo a las cinco tendré que esperar hasta las siete (o más) para desarrollar una actividad física o intelectual de manera decorosa.

En las pasadas vacaciones con cierto dejo de inocencia había tomado la determinación de hacer tres cosas a diario:

  • 1) Ver una película
  • 2) Escribir durante una hora
  • 3) Leer

Lo primero resultó francamente imposible. Estar 120 minutos frente a una pantalla es demasiado cuando una combinación de ansiedad, deberes y necesidad fisiológicas se cruzan en el camino. Lo segundo también; terminé por caer en cuenta de que con este ritmo sólo me quedan seis horas productivas. A lo mucho le puedo dedicar 30 minutos, en el mejor de los casos. La lectura es lo que más o menos he mantenido. Eso sí, mi ritmo bajó dramáticamente en los últimos dos meses. Ese primer semestre de 2010 en el que leía seis o hasta siete libros al mes ha pasado. En Septiembre a duras penas leí uno. Siento que algo anda mal con el tiempo. Siento que me dan menos de lo que me corresponde. Algún lacra debe estarse quedando con esos segundos que tanto extraño. Hay una anciana, la conocí el otro día. Tiene 94 años, se ve perfecta. Ríe y bebe. Mueve los brazos, platica, come, respira. Está mejor que yo, investigaré si no es ella.


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