martes, 10 de julio de 2012

«Thunder Road»


Conforme me voy haciendo viejo he dejado de jugar a ser original. Esto me permite liberarme y hacer declaraciones como la siguiente: Born to Run es mi álbum favorito de Bruce Springsteen. Lo que he tenido con su obra ha sido una amor intensivo. Habré escuchado este álbum decenas de veces y sigue emocionándome como la primera vez. Parte del mérito corresponde, desde luego, a «Thunder Road». Creo que muchas canciones de Bruce podrían adaptarse a películas. Con esta pasa eso, daría al menos para para una escena o un corto bastante intenso. La temática en cuestión es recurrente en la carrera de este hombre: el escape, la confianza de ir allá donde se encuentran los sueños. Aquí se ve desde una perspectiva menos mesiánica que en otras de sus entregas, diría que es una del tipo romántica y juvenil (la parte donde le dice a la chica que no es una belleza precisamente o donde llama perdedores a sus vecinos resume una encantadora inmadurez, caprichosa pero certera a fin de cuentas); es cercana y menos abstracta. La letra en general se vuelve una maravilla de principio a fin. Es bastante larga y no tiene nada así como un coro o estructura fija, no hay ninguna línea que se repita; cada una va construyendo una secuencia donde el protagonista, antes de abandonar su pueblo, visita a su chica para pedirle que vaya con él. Para convencerla describe lo que pasa, lo que siente, lo que hubo y lo que habrá si no se decide a ir por el cambio. El discurso de alguien que está cansado de sus circunstancias, de alguien para quien la soledad y la podredumbre no son permisibles ya, de alguien que confía en su talento y que sabe que tiene las armas suficientes para subir unos cuantos peldaños. Dice Nick Hornby que la posición que «Thunder Road» ocupa en el álbum (es el tema de apertura) es fascinante. Ya desde el sonido de la armónica que introduce a un estado sentimental, te da la idea de que lo que ocurre ahí tiene mucho trasfondo: a pesar de ser la primera canción hay una especie de continuidad con lo que hizo antes, y de igual forma es el punto de salida de todo lo que vino después, dándole un aire de atemporalidad que la convierten en un clásico. 

Por supuesto que es más que un tema de amor. Pareciera que el protagonista incluso tiene otras prioridades. Nunca se sabe si la mujer acepta acompañarlo, pero la decisión de él está tomada sin importar la respuesta; su oferta no es la de alguien dependiente, habla de alguien generoso, un tipo que quiere rescatar a alguien que le interesa de un submundo que a él le está aterrando. Me recuerda incluso a «For You», aquella gema del Greetings from Asbury Park, N.Jde dos años atrás. Pero si lo escuchas y te olvidas un poco de la mujer, puedes sentir que también te habla a ti, o lo que es más: que se dirige a todos esos derrotados que no terminan por acostumbrarse a la miseria que otros celebran para disimular y hacer llevadera su existencia. 

Podemos sentirnos viejos aún siendo jóvenes. Bruce Springsteen lo sabía e intentó luchar contra ello en varias ocasiones. Lanzó esta canción cuando apenas tenía 25 años. Sabía bastante sobre los miedos y las inseguridades que vienen antes del cambio. En cierto momento dice algo que siempre me gana: «So you're scared and you're thinking / That maybe we ain't that young anymore». A veces, cuando me siento decaído y pienso que quizás ya sea demasiado tarde para hacer lo que quiero, escucho ese tema y ese disco. Entonces sé que todavía no hay un veredicto final. Que siempre está ahí esa última oportunidad para llevarlo acabo. Una última oportunidad que se renueva cada que lo escuchas. 


Fue este trabajo el que lo hizo eterno.

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