viernes, 27 de julio de 2012

Palabras de un olvidadizo


Nací hace muchos años, eso lo tengo por seguro. De lo demás no sé mucho. Tengo mala la memoria. Recuerdo vagos detalles. Ahí me defiendo. Olvido lo importante, es el problema. Fui con algunos médicos que me dijeron lo que ya sabía, tienes mala la memoria. Nací hace muchos años. En una casa de campo donde mis padres se escondieron. Crecí a lado de ovejas. Alimenté a los patos. Tan amables ellos con plumas de algodón. Volví a los doctores. Di vueltas por ellos. Uno dijo que era innecesario realizar estudios. Era la cuarta vez que regresaba con él en menos de dos horas. Tengo mala la memoria, no cabe duda. Nací en una casa que mis padres alquilaron para pasar el verano. Yo no sé si mi madre era olvidadiza. Cómo puedes, con una barriga, irte a un lugar donde no hay hospitales. Nací entre patos y cochinos. El doctor se negó a recibirme. Usted ya vino a su cita, señor. Qué flojo es usted, le dije. Salí de ahí sin saber las causas de la mala memoria. Sospecho que la culpa es del chocolate. Comí mucho chocolate de joven. Montañas de chocolate. Cantidades enormes. En nada más me excedí. Tomo agua, hago ejercicio, me levanto temprano. Soy un tipo de costumbres sencillas. Cómo iba a ser de otras. Nací en una casa de campo. Mi madre dejó a mi padre para irse ahí donde mi abuela criaba gallinas con plumas de algodón. El pollo, no lo aguanto. Comí mucho de niño. Hasta los diez años me enteré lo que en verdad era el pollo. Yo creía que la gente compraba óvalos de carne creados en fábricas a base de leche y de galletas. Lloré cuando supe que los pollos eran seres vivos. Mami, yo juego con los pollos. Cómo vamos a comerlos. Con los otros animales no tuve mayor problema. Ninguna vaca se encariñó conmigo. Tampoco ninguna trucha ni ningún conejo. Tengo mala la memoria. Tal vez sea por eso: necesito comer pollo. Pero no puedo. Quiero mucho a los pollos. Nací en una casa de campo. Llegué ahí con mis padres. Se la compraron por poco dinero a un anciano al que le urgía pagar unas deudas. No dejo de pensarlo. Pobre hombre. Encima nos regaló unos cochinos. O los olvidó en el patio. Yo también soy olvidadizo. No como pollo. El chocolate sí, mucho. Me encanta. Una vez conocí a una chica que decía: no me gusta el chocolate. Debe estar loca, de inmediato pensé. Di unos pasos hacia ella y le pregunté si necesitaba ayuda. Me miró feo y luego se alejó. Cómo es que no podía gustarle el jamón. No lo sé. Hay personas raras sueltas por ahí. Yo tengo mala la memoria así que tengo que esforzarme para ser un buen sujeto. Y no crea, a veces tengo miedo. Hubo una noche en la que olvidé cómo se le hacía para respirar. Estaba ya bajo las cobijas, con los ojos cerrados, intentando dormir. De pronto me empecé a sentir mal. Como que la piel se me hinchó. El cuello hizo un ruido extraño. El aire me faltaba. Yo no sabía por qué, hasta que de repente me di cuenta que no estaba respirando. Qué es lo que me pasa. Nací hace ya muchos años. Intenté respirar, pero me di cuenta de que no sabía cómo hacerlo, no lo recordaba. No sé si me puse morado porque no había iluminación. El ambiente era tétrico. Así que esto es la muerte: fría, desesperada, ciega. Cuando empecé a venirme abajo, cuando yo creo moría, o al menos me desvanecía; en un último chispazo cerebral, recordé que para respirar tenías que inhalar. Lo hice y fue glorioso, una gran sensación, nunca lo olvidaré. En el instante siguiente supe que era necesario exhalar. A partir de ahí dejé que la atmósfera llevara el cauce. Al día siguiente fui al doctor porque tengo mala la memoria. La atención fue pésima. No me quiso recibir porque, según dijo, ya había ido varias veces durante el día. Mi memoria es mala. Soy franco al decirlo porque yo nací en una casa de campo y me eduqué bajo normas ajenas a la voracidad de la ciudad que te come apenas te distraes. Soy recto, soy honesto y tengo mala mi memoria, solo eso. A veces me da miedo que se me olvide cómo respirar. Algunos pensarán que es una actividad que se da por instinto, por necesidad, por inercia, de forma natural. Yo creo que no. A menudo me pasa. Me doy cuenta de que no estoy respirando y hago un esfuerzo para recordar cómo hacerlo. Le temo a las noches. Tengo mala la memoria y me aterra pensar que un día tenga un sueño tan espléndido que me olvide de respirar.

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