viernes, 24 de febrero de 2012

Lo que sea que se haya perdido

Entro al taxi y de inmediato sé que el conductor está chiflado.

¿A dónde lo llevo, joven?
A la terminal, por favor.

Por la mañana había visto a un gato blanco tirado en medio de la calle. Pensé que estaba muerto. En el camino de regreso a casa noté que ya no estaba. Prefiero pensar que tan solo se encontraba dormido, que luego de verlo despertó y regresó a comer croquetas en su casa. Me aterra pensar que se lo llevó el camión de la basura. Qué clase de entierro sería ese.

El tipo se comunica por radio con su estación.

1011, 1011, rumbo a la terminal. Regreso rápido.

Desde el aparato aparato se escucha:

SE REPORTA UN 2-9-4. REVISEN SUS UNIDADES

Qué inocentes, me cae me dice.
¿Por qué lo dice?
Están reportando un 2-9-4, ¿usted cree?
¿Y eso que es?
Que un pasajero dejó olvidado algo en una de las unidades. Qué inocentes, jeje.
Ojalá se lo devuelvan
Hasta cree, qué inocencia de la gente.
No creo que sea inocencia, lo lógico sería que el conductor del taxi reporte que se encontró lo que sea que se haya perdido.
Fíjese que yo una vez también tuve suerte. Hace cinco años más o menos. Llevé a un señor al aeropuerto. Iba vestido de negro, muy elegante. Total, lo dejé en el lugar y fui a atender otro encargo. Recogí a una señora con su niña. Me dijo: oiga, no deje esto aquí o se lo van a robar. Me quedé callado y vi por el retrovisor que me intentaba pasar un maletín. Supe que era del señor vestido de negro, así que lo tomé y lo puse en el asiento del copiloto. Llevé a la señora y a su hija a casa. Me alejé dos cuadras y me detuve en una esquina. Revisé el maletín. Tenía libros, unos papeles, una corbata, unos chocolates y un sobre. Lo abrí, tenía $2.300 dólares. Puro billete nuevecito. Salí pitando de ahí.
¿Pudo encontrar al dueño después?
Pues me fue bien, son de esas cosas que dios pone en nuestro camino. La verdad ya no lo busqué. Me daba miedo que fuera dinero... usted sabe... mal habido.
Se me hace raro que nadie lo reportara, era una buena cantidad.
Osease que sí lo reportaron, pero mejor no dije nada. Fue el destino, yo digo. A veces trabajo hasta 12 horas diarias. Gano poco, no crea. Yo lo entiendo como que fue un regalo de allá arriba, usted sabe. No es un trabajo sencillo.
Quizás esa persona lo necesitaba.
No creo, iba bien vestido. Míreme a mí, ¿a poco no parece que yo sí lo necesito? Soy honrado, no le miento, estuve una semana preocupado de que alguien me fuera a cachar. Guardé el sobre debajo de mi cama, el portafolio lo puse en el clóset de mi cuarto. Ya después le regalé un vestido a mi vieja y la invité a cenar. Compré un par de muebles. La lana se va rápido, al mes ya no sabía ni en qué me lo había gastado.
¿Qué más se ha encontrado?
Nada especial: suéteres, bolsas con comida, un discman. Eso si lo habría devuelto, ¿yo para qué quiero el suéter de otra persona? Están re feos. Con la comida uno no sabe, no vaya a ser que esté echada a perder. Luego uno tiene que gastar en medicamentos.

Unas palabras más y dejamos de hablar. Pasaron unos diez minutos más y llegamos a mi destino. Le pagué, me dio el cambio y bajé revisando que todo estuviera en su lugar.

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