domingo, 25 de abril de 2010

Un par de historias de librerías viejas

Este fin de semana me dejé llevar por un torbellino que terminó depositándome en Aguascalientes. Vaya experiencia más demoledora. Una vez recuperado del mareo provocado por tantas vueltas, aproveché para inspeccionar un rato la feria de San Marcos.

Muy buen ambiente, he de decir. Gente amable caminando por las pequeñas calles del centro y de la plaza de San Marcos. El tiempo era usado para bailar, tomarse fotos al por mayor y realizar aquellas actividades que el turista promedio suele hacer bajo el amparo del anonimato.

Joaquín Sabina dio un concierto el sábado. No entré, pero a eso de la medianoche vi que un puñado de fans estaban esperando en una de las salidas a que el cantautor saliera. Como el evento estaba por terminar, decidí acercarme a ellos, con la esperanza de que Sabina me autografiara un billete de doscientos pesos*. El milagro, no se dio (o no cedió, que viene a ser lo mismo), aunque cuando menos recibimos un saludo casi papal de lejitos a la vez que su camioneta casi arrolla a un par de fanáticos emocionados.

Omitiré detalles significativos, sólo diré que acabé durmiendo a las cinco de la mañana.

(Olvidé mencionar que se podía tomar -alcohol- en las calles cercanas a la feria. Lo pongo en este paréntesis porque mirando a atrás no sé dónde quedaría mejor)

Al otro día fui despertado con crueldad infinita, a las nueve de la mañana. Quesque para ir a un desfile. Valientemente levanté la figura y acudí. Hubo carros alegóricos, bailarinas no-sensuales, caballos, ya saben; todo lo que le gusta a las familias comunes y corrientes. También hicieron desfilar a personas de varias nacionalidades que radican en el estado de Aguascalientes. Al principio no entendía cómo el público podía admirar a esos individuos sólo porque habían nacido en otro país. Pero cuando pasaron los japoneses sonriendo y la gente les empezó a aplaudir, comprendí que, sin importar que tengamos diferencias en el color de piel, a fin de cuentas no somos tan diferentes, podemos entendernos y pasar un buen rato. Padre.

/Fin del momento Imaginesco/

El sol pegaba tan fuerte que te obligaba a entrar a cualquier lado con tal de recibir un poco de sombra. Fuimos a comer sin tanta hambre, sólo para refugiarnos. Qué bien se come cuando no estás cerca de casa, te preocupas menos por trivialidades tales como mantener la línea. Todo importa menos cuando te alejas de la rutina.

Más tarde fui a ver qué tenían en las librerías de viejo de la calle Matamoros, el equivalente hidrocálido a Donceles. Había tres que estaban abiertas. Como no tengo ganas de presumir (por ahora), evitaré decirles qué compré. En cambio, les contaré dos historias que llegaron a mis oídos mientras hurgaba entre los estantes de los locales.

***

En la primera librería, estaba un grupo de ancianos platicando sobre temas varios. He de aclarar que no soy a alguien a quien le suelan interesar las conversaciones ajenas, por el contrario, me aburren muchísimo, lo que pasa es que hablaban tan fuerte y el espacio era tan reducido que era imposible ignorarlos. Ustedes podrían preguntar sabiamente ¿Por qué no te tapaste los oídos? . Yo respondería aún más sabiamente Porque se me hubieran caído los libros.

El tema central de su charla era la cornada que había recibido José Tomás en la plaza de Toros. Será en otra ocasión cuando dé mi opinión respecto a la tauromaquia (les adelanto que no es muy buena, a pesar de que admito que la estética de los trajes y ruedos tiene su encanto), por ahora me limitaré a contar que, según los viejitos, después de que el torero salió herido, aficionados saltaron al ruedo para recoger con servilletas la sangre de su ídolo para llevársela de recuerdo. Eso es fanatismo, y no pequeñeces, señores.

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Adoro poner los asteriscos esos.

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La segunda librería también tuvo su conversación interesante (la tercera que visité estuvo aburridísima). Ahora los protagonistas eran dos jóvenes: macho hippie y hembra hippie. Mientras yo revisaba las pilas de libritos huérfanos, ellos relataban malas experiencias que habían tenido con cierto roommate al que por fortuna nunca he visto en mi vida. ¿La peor de todas? El hippie decía que una vez, el roommate le había dado una bolsa negra con "carne" para que la metiera al congelador. Pasaron los días, y al muchacho este, en un arranque de hambre se le ocurrió prepararla ya que el otro ni la pelaba. El disgusto se lo llevó al descubrir que dentro la bolsa no había un filete, sin DOS pájaros muertos (con todo y plumas) que su amiguito había querido guardar para después disecar. La justificación fue "No pus, es que si te decía te ibas a enojar".

Vivan solos.

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Esto es lo único que contaré por el momento, ahora estos lejos de esa tierra calurosa aunque quizás vuelva para llevarme más cosas.







*Dato innecesario: Alguna vez, a mediados de los setenta, Joaquín Sabina tocó en un pequeño bar que albergaba a George Harrison entre sus asistentes. El ex-beatle le dio como propina un billete de cinco libras , el cual, cuenta la leyenda, todavía conserva.

6 comentarios:

Mechicabota dijo...

La imagen de Joaquín Sabina saludando que me creaste el en cerebro mientras leía fue digno de una carcajada!

Ontobelli کτγℓع dijo...

Para buen café esta la cafetería del Hotel París en el centro.

Aguascalientes es colonia japonesa desde que llegó Nissan.

Lo peor son los baches, en especial de la calle José Maria Baches.

pIXIE dijo...

Jajaja mi vida!! no te imagino en mood fanesperandoaquesalgaelartista, pero que linda historia, la de George Harrison y la tuya buscando libros en otros estados, cuánta actitud!!

jajaja Saluditos!!

Mechicabota dijo...

¿Y la actualización para cuando?

PD: Necesito un poco de apoyo moral en mi blog :(

ales dijo...

Carlos: poco te importa, pero en serio espero que nunca dejes el blog, salu2.

Bigmaud dijo...

Mechicabota: Puedo reír de ello ahora pero en su momento fue terrible...

Ontobelli: No conozco ese hotel, a ver si me doy una vuelta un día de estos. Mucho japonés, sí. Se ven simpáticos, suelo sentir empatía con ellos por alguna razón.

Picsi: No fue tan ridículo como parece, estaba cerca de ahí y pasé a ver si de casualidad Sabina me firma un billete.

Mechi: Ya actualicé :D Sólo me falta lo del apoyo moral.

Ales: Claro que lo tomo en cuenta. Aunque sabes, eres un mal ejemplo en cuanto a la actualización de blogs se refiere. Hazlo mássssss


Saludos a ustedes/

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