sábado, 17 de abril de 2010

Acostumbrados a las costumbres

Al parecer mis familiares se hartaron de mí y me abandonaron. Debo decir que son bastante tolerantes, cualquier otra pareja me hubiera depositado en el basurero municipal envuelto en una sábana luego de ensuciar el primer pañal. Vaya resistencia la de ellos.

Entonces me dejaron este fin de semana solito, todo indica que el acabose llegó luego de que se tomaron a mal la exposición de ropa interior que realicé en los pasamanos de la escalera. Los artistas de vanguardia nos hemos distinguido históricamente por la censura hogareña de la que somos víctimas. Decepciones como esta sólo logran que acabemos con los sueños rotos y conformándonos con un empleo mediocre en el que no somos justamente valorados.

A decir verdad esto no está tan mal, al menos tuvieron la decencia de dejar víveres suficientes que me servirán para alcanzar la meta de cien kilogramos que me impuse como próposito de año nuevo hace algunos meses.

Además estando solos es como podemos conocernos mejor. Cuando estamos acompañados actuamos influidos por los otros, hacemos o dejamos de hacer cosas con tal de no escandalizar al prójimo. La soledad en cambio, nos permite mandar al carajo las normas sociales para actuar como queramos, o como podamos. Desafortunadamente interactuar con humanos durante largos lapsos de tiempo termina por alterar nuestra personalidad, por lo que aunque nos encontremos en completa libertad, seguiremos respetando algunas partes de la normativa que nos han enseñado como correcta.

Hace rato que fui al baño a hacer de la pipí, cerré la puerta con seguro. No había nadie en la casa que pudiera espiar la técnica que utilizo para bajar el zipper del pantalón, sin embargo la costumbre, la educación o alguna acción divina terminaron por provocar que realizara algo completamente innecesario. La inercia nos lleva a hacer aquello que el tiempo convierte en una obligación.

La nostalgia también influye. Seguramente han visto a esos señores que van a la peluquería cuando ya ni siquiera tienen cabello, es la añoranza de tiempos mejores o simplemente un miedo a romper la rutina. Una vez presencié el caso de un anciano que tenía apenas sesenta y seis cabellos sobre la cabeza (lo sé porque los conté mientras esperaba mi turno) con el que el peluquero estuvo entretenido cerca de media hora. La jocosa plática que mantuvieron jugó con mi paciencia criminalmente. Cada uno de los cabellos tuvo un trato personalizado. Alrededor de treinta segundos por cabeza (es un decir) le dieron a los malditos. Nomás les cortaba medio milímetro dejando, así una armoniosa pelusa que recubría la parte sureña de su cabecita. Cincuenta pesos por algo que él pudo hacer desde su propia casa con la ayuda de un cortauñas. Cada quién

Ahí lo tienen, costumbres reguladoras las nuestras. En ocasiones nos da miedo salirnos del manual, es más fácil seguir comportándonos como nos han enseñado. Es la seguridad que brinda la tediosidad.

2 comentarios:

Zai dijo...

No hay nada que me haga mas feliz, que estar sola en la casa. Y si, te hace salir de la rutina, lo cual siempre es bienvenido.

Bigmaud dijo...

Puedes escuchar música a alto volumen en medio de la madrugada, por ejemplo.

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