lunes, 3 de agosto de 2009

A la espalda.

Fui a acompañar a la señorita Adelanta a que se inscribiera en la Universidad privada a la que tuvo recurrir después de abandonar los intentos de entrar a la pública. Ni hablar, alguna ventaja le verá a que tengan que gastar dinero en ella. Luego de hacer un pago ("un" nunca significó tanto) estuve perdiendo el tiempo en las remodeladas instalaciones. Llegó un momento en el que estaba de espaldas (siempre se está de espaldas a algo, aunque sea la pared) y sentí una mano que tocaba mi hombro. Volteé con rapidez, ilusionado con la idea de que se tratara de mi ídolo Carlos Trejo pero no, se trataba de un jovenzuelo de aproximadamente 20 años que me preguntó si me acordaba de él. Esa es una pregunta rara. Cuando alguien te la hace es porque no existe un vínculo lo suficientemente fuerte como para que te acuerdes de su jeta. Guardé silencio hasta que me dijo que me había visto hacer el examen de admisión para la autónoma; ahí fue cuando lo reconocí a pesar de que era la primera vez que cruzábamos palabra. Lo recordé porque, aparte de su caballera a la Daniela Romo, su delgadez era impresionante. No era lo que se llamaría flaco esquelético, más bien era del tipo flaco-hilo de cáñamo. Lo había visto antes del examen platicando con otros aspirantes parecidos a él. De hecho volteé a ver a su grupito sólo porque entre ellos había una (flaquita también) chica bonita. Él me llamó la atención por su fisonomía y por su forma de vestir que no ayudaba mucho a disimularla, obligando a todo el que lo mirara a conocer la mitad de su lampiño pecho.

Volviendo a la escena post-pago de una minifortuna. Le dije que sí, que había presentado el examen. Es extraño, no imaginaba charlar con alguien así nunca, y menos que él me guardara en su memoria cuando, según yo, él no me había visto. Me preguntó que si lo había pasado. Seguramente pensó que no, porque me encontraba en esa Universidad y sólo buscaba romper el hielo con ese comentario. Respondí afirmativamente. Le regresé la pregunta aunque por su semblante ya conocía la respuesta (además de que hasta donde sabía, él no iba acompañando a la señorita Adelanta como yo). Acerté. No había pasado. Parecía triste, muy triste. Tan triste que le hice plática aún cuando no me interesaba en lo más mínimo su historia académica. Era la tercera vez que lo intentaba, me dijo. Me ahorré los detalles de cómo lo logré a la primera.

7 comentarios:

Memmis dijo...

lonoool, pobre chico

mis felicitaciones para usted, mi buen

The Little One dijo...

Conozco muchos casos como el de niño hilo de cañamo.


Saludos.

Betti dijo...

Me pasó cuando hice el de la prepa.

Pobre sujeto.

Bigmaud dijo...

Memmis: Por suerte hasta el momento no he escuchado algún reporte de suicidio.

Little One: Lo peor es que también hay muchas mujeres hilo de cáñamo. muy mal.

Betti: Y al final entraste?

Anónimo dijo...

WTF?!
XD

Nayeli García dijo...

Jajjaa, lo mejor es que tuviera el cabello de daniela romo. Podría grabar comerciales de shampoo. Saludos!

Bigmaud dijo...

Anónimo: xD

Nayeli: Pero no era guapo, así que no.

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