miércoles, 10 de marzo de 2010

Otra vez voy a quejarme

Hay que desconfiar de todo aquello que se nos ofrece gratuitamente. Desgraciadamente vivimos en un mundo en el que se disfraza la conveniencia con supuesta solidaridad. La gente no ayuda por la mera satisfacción de apoyar; lo hacen para que un día les regreses el favor con intereses agregados. Para explotarte después, chantajearte y poder justificarse así. Otros lo hacen nada más para lucirse. "Ay, me paso los altos, conduzco ebrio y vivo de estafar a la gente, pero doné un kilo de arroz a los mugrositos esos de Haití". Sí, la humanidad (generalizando) se porta altruista sólo para eximirse a sí misma. Un asco, lo sé. Por eso hay cientos de artistas que en las entrevistas no se sienten a gusto hasta que hacen mención a los cien mil dólares que dieron a alguna institución. ¿Hay alguna diferencia entre que lo mantengan en secreto o no? Pues sí, el enaltecimiento de sus egos.

Cuando voy al supermercado le rehuyo a las muestras de comidas gratis que ofrecen. Aunque en un principio ver un trozo de queso coronado con un mondadientes podría parecer tentador, en mi caso particular lo único que siento es repulsión.

La tradición indica que el bípedo común saliva al ver lo siguiente:

¡Gratis, Mmmmmmmmmh!

¿No les da miedo que el queso esté envenenado? Cualquier terrorista que esté surtiendo su despensa podría esparcir algunos gramos de cianuro cuando pase a lado del plato. Las tiendas de este tipo deberían poner a un guardia de seguridad especializado que vigilara las 24 horas esa pequeña zona para cerciorarse de que no ocurra nada extraño. Ni loco agarro uno de esos cubitos. Aparte como todo lo gratuito trae un trasfondo negro, tengo la teoría de que estos artículos promocionales vienen adulterados con una droga diseñada para que la gente haga compras estúpidas como la siguiente:

La cámara explotó luego de captar ese bodrio.

Es claro que nadie compraría ese tipo de aberraciones estando en sus cinco sentidos. Por eso todo está diseñado para que luego de tragar esas porquerías, acabes saliendo de la tienda con un 80% de cosas que no necesitabas.

Varios me han dicho lo mismo:

Ay, no seas exagerado. Agarra que es para eso están.

La respuesta que suelto automáticamente es invariable también:

Aléjate de mí

Fuera de lo ya comentado mi negativa se debe a que se me haría indigno. Rechazo su hipócrita caridad. No me están regalando nada. Sus altos precios les permiten lujos como esos. Dénselo a niños pobres. Yo no lo necesito, tengo una vaca propia de la cual saco todo el alimento lácteo que requiero. En el refrigerador tengo quesos más finos que esos. Guárdense sus buenas intenciones para cuando planeen hacer un recorte de personal.

5 comentarios:

Cyn dijo...

Žižek te adoraría si pudiera leer esto. Lástima que no sepa español. Nada que el babelfish español-esloveno no pueda remediar. :D

historyzar dijo...

jajaja, lo de: la cámara explotó después de captar ese bodrio me sonó a efecto de película de acción norteamericana.

Con respecto a que las tiendas de este tipo no te regalan nada sino que, por el contrario, sus precios les permiten darse esos lujos me parece acertado.

Incluso ya lo escribía sin chistar Hugo Salinas Price: "A la gente le encanta pensar que le regalamos cosas."

Lo único bueno de esto, es que si eres un hombre respetable no terminarás comprando 80% de cosas que no necesitas. La probabilidad de que esto suceda aumenta si no vas con una mujer: generalmente llegas, tomas lo que necesitas, vas a cajas, pagas y te vas...

Saludos.

Mechicabota dijo...

Noooooooooooo... que buena tapa la del libro!!
Ideal para una colección bizarra!

ontobelli dijo...

Pues hay gente que vive de visitar esas tiendas y comer todo lo que hay en promoción.

Te ahorras un dineral.

Sofía dijo...

Otra razón para rechazarlo: Es queso Chen y sabe a plástico.

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