miércoles, 6 de junio de 2012

que no se lea hasta mañana


El teléfono sonando a las cuatro de la mañana desubica a cualquiera. Sabes que tienes que contestar. Ojalá sea una broma pesada, que cuando conteste un hombre me insulte y luego cuelgue. Es lo mejor que puede pasar. Aun así te llevas un susto de muerte. El otro día  él contestó una de esas llamadas. Uno podría esperar una gran anécdota y no, la verdad es que lo único que escuchó fue el sonido de un piano tocando. Dijo bueno varias veces sin que nadie tuviera el gesto de contestar, así que regresó a dormir sin que nada importara. Sabía ya que no recobraría el sueño aquel donde un amigo de la infancia le decía de un lugar en donde se podría reunir con una serie de recuerdos propios de 1998. A menudo pasaba así, los sueños no puede recobrarse tal cual. Son experiencias exclusivas que deben tenerse mientras se pueda ya que en cuanto despiertas el aire y la realidad te abruman de tal forma que regresar a una fantasía se presta de verdad complicado. En especial para él que ha tenido unas semanas en medio de ajetreos en las que lo que más le afecta es el no sentirse apreciado. Hace poco mandó cuatro textos diferentes a personas para que les dieran su opinión. Eran cosas que él había escrito: dos cuentos y dos poemas que olvidó en cuanto abandonó el teclado. Uno de los detalles que lo estaba preocupando era su memoria. Estaba dejando de funcionar. Empezaba a olvidar nombres, rostros y detalles que antes le eran indispensables. Una amiga terminó enojándose porque al estar platicando no pudo mencionar su nombre aunque ella era muy importante para él y sufrió y sufrió por no poder recordar con cuál de las letras del abecedario debía empezar. No, estaba seguro de que no se llamaba Claudia y que tampoco era Beatriz porque no tiene ninguna amiga llamada Beatriz y a decir verdad tiene pocos amigos. Ahí era cuando la alarma crecía, no es posible que conociendo a tan pocas personas se te alcance a escapar la única que, según tú, te ha valorado en ocho años donde has escrito lo que otros sueñan y que de todas formas no te celebran porque les caes mal o no eres uno de esos chicos entusiastas a los que les gusta platicar las treinta horas del día con una sonrisa que llega  a venus y regresa. Además a él ya todo le da flojera. Otro cosa que empezaba a darle miedo es que el límite de actividades serias que podía hacer por día se había quedado en una. En los últimos meses hacer más de una cosa, o tan solo pensarla, lo fatiga por lo que termina por tirarse a la cama, decidiendo  mejor no hacer nada porque de cualquier forma nadie morirá por ello. Es lo que brinca en su cabeza: da más o menos igual lo  que haga o no haga: el mundo seguirá girando y tendrá que seguir pagando cuentas y nada será gratis y tú seguirás leyendo revistas y nadie sabrá en donde está el árbol que han imaginado, así que bueno, dijo, seré un genio infravalorado con decenas de mentes medianas bailando alrededor, aplaudíéndose entre sí mientras yo paso el día tomando jugo de un vaso roto porque me da flojera ir a comprar otro y tengo la suficiente desconfianza para no ir por uno de vidrio porque qué tal y se me cae, así que sigo con el de plástico cual niño de 6 años al que su madre le ordena que no se mueva, solo que ahora sin el babero, que es un gran avance, ya no se ensucia: sabe usar los cubiertos, aunque de nada le sirve porque la comida de hoy, igual que la de ayer y antier, era de la que se comía con las manos. Hace años que no va a un restaurante donde tenga más de tres cubiertos y donde el mesero parezca feliz. He ahí donde coincide con los empleados que lo han llegado a atender: la falta de una sonrisa donde depositar las propinas. Él no trabaja porque el dinero está sucio y no quiere que un billete le ensucie su cara. Los únicos billetes que recibe son de familiares de confianza y antes de tomarlos los limpia con gel desinfectante ya que antes ha pensando en todos los sucios pajeros que pudieron utilizarlos; la mera imagen de que una de esas partículas entrara en contacto con su cuerpo podría desvanecerlo así que  no, prefiere seguir gastando lo que tiene en botes de gel desinfectante y no se detiene por mucho que sirva de poco y la gente siga siendo la misma que no hace caso a lo que escribe y por mucho que personas sin talento puedan seguir rondando or ahí sin que les pese el cuello con el peligro añadido de que son celebrados como los grandes talentos de nuestro siglo y se aplauden y lloran y se abrazan juntos aunque anden plagiando y crean que nadie se dé cuenta excepto por él que sabe bien de dónde vienen esas líneas aunque no se los dice porque parecen ilusionados y ya tienen suficiente con ser tan pequeños como para encima irles a restregar que las pocas ideas que tienen fueron antes pensadas por un millón de vagabundos más que luchan por comer cada día  mientras ellos toman refresco de naranja o alguna de esas porquerías al nivel de su escritura. Son los que creen que por leer los horóscopos del periódico, los libros que les encargó el profesor de la secundiaria y haber visto un documental aleatorio los capacita para pensar que cada uno de sus respiros está justificando cuando a todas luces lo que nos indica el semáfaro es que lo que deberían hacer es planear una recolecta de dinero que les permitiera comprar una casa donde se refugiaran, absteniéndose así de convivir con el resto de los humanos, tal vez con su propia huerta y algunas cerdos a los que pudiera reproducir para obtener carne y cuando se les terminaran que se comieran entre ellos así se enterarían a qué sabe la carne humana que a él le causa curiosidad aunque nunca la probaría aunque piensa que si una res fea sabe bien y que si un cerdo feo sabe bien, quizá suna supermodelo de cuerpo bonito sepa exquisito; no aún así no lo haría, los perros son bonitos y solo algunos locos se los comen,  un asco que sería peor que comer una tortuga. A nadie le interesa comer aquello que en su lugar puede besarse o abrazarse, por lo que que sabe, en el fondo, que no nunca lo hará, igual puede que llegue el día en que deje de comer en absoluto porque ni el pollo le gusta y la idea de masticar empieza a fastidiarlo, qué carajos, se dice , por qué tengo que triturar con mis dientes algo como si fuera un cualquiera que necesita de alimentarse: no, es otra imagen la que debe dar, ya lo había dicho alguna vez, la imagen de alguien que no necesita comer porque eso es lo que hacen los roedores y él no es un roedor y a veces tampoco se siente parte del género humano que es desconsiderado y cruel en cuanto puede, una actitud que a él se le escapa, porque aunque no simpatice con todos se le hace impensable tratarlos mal, ponerles el pie o si siquiera darles una palmada en la nariz. Sabe que su presencia podría ser tan chocante que ni se les acerca siendo así el gran héroe que nadie aprecia, aquel que igualmente merece ser llevado a una plaza para recibir un ramito de violetas como la canción de Cecilia que murió trágicamente y que se llama iguala a otra Cecilia que no murió de manera trágica y a la que recuerda de la secundaria por ser la más asediada con sus faldas con cuadros que llevaba por encima de la rodilla. No sabe qué será ahora de ella, puede que sea otra de esas alumnas que tuvieron éxito, como sus antiguos compañeros que ahora viven en el extranjero, los mismos que se revuelcan en dinero y que suben fotos de su visita a Egipto mientras él busca en el suelo alguna moneda de cinco pesos que le permita comprar una botella de agua para tomarse una aspirina porque le duele la cabeza y nadie sabrá nunca lo que siente por mucho que haga una mirada extraña. La gente no se acera y jamás hará un esfuerzo por vivir de cerca lo que le afecta a sus congéneres, nadie podrá nunca tener el escalofrío que le da por la noche, el mismo que le hace temblar las piernas antes de que el teléfono vuelva a sonar y por un momento piense que su triste historia por fin va a terminar.

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