domingo, 9 de septiembre de 2012

Catorce pensamientos sobre libros


Me da tristeza comprar libros usados que traen dedicatoria a un dueño anterior. También encontrarlos en la biblioteca. Duele pensar que fueron revendidos o desechados cuando el autor (u otra persona) los obsequió con mucho cariño. Uno de mis temores es encontrar algún día en un botadero cierta novela que una vez regalé.

Hay libros interminables que siguen apareciendo durante el resto de la vida a través de golpes de la memoria.

El avance de páginas se gana.

Los libros se recomiendan, no se prestan. En caso de hacerlo hay que estar dispuesto al adiós. Los intercambios ofrecen cierta garantía. 

Convendría que el número de página viniera en menor tamaño al acostumbrado. O que solo estuviera disponible en los inicios de cada capítulo. Además de ser un potencial distractor, cumple la función de presionar ante el lento avance cuando el contenido aburre.

Faltan libros de tapa acolchada. Esos a los que dan ganas de abrazar.

Ahí donde pase el escritor que se aparte el fotógrafo.

Las hojas del libro se ponen amarillas pero nunca se marchitan.

Los libros son una herencia pública.

La lista de libros favoritos del lector principiante estará conformada por todos los que ha leído.

Se puede descartar a un libro por su portada siempre y cuando se alcance a ver el nombre del autor.

El libro regalado debe ser una carta velada.

En las librerías, preferible revisar los saldos que la mesa de novedades.

Los malos libros son las prótesis de los sillones cojos. 

3 comentarios:

Pixie dijo...

Mi favorito es el doce y el que hace más falta practicar...

Bigmaud dijo...

Ya casi nadie regala nada, ni hablar.

Saludos.

Dony Tamez dijo...

Es genial ver como la escritura y lectura están retomando el resplandor que estaba acabando los materiales de política, asesinatos y erotismo, hace poco tuve la dicha de ir al festival Cervantino en México y se puede ver como los libros mexicanos se van ganando el respeto de los lectores.

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