domingo, 3 de julio de 2011

¿Cómo dices que te llamas?


Empieza a causarme cierta alarma el bajo rendimiento que mi memoria ha tenido las últimas semanas. No es algo nuevo, desde niño jamás he sido considerado una eminencia en ese rubro. Para demostrarlo basta decir que a mis 22 años solo tengo grabados 4 números telefónicos, siendo uno de ellos el de las pizzas. Acaso se deba a desinterés, como cuando veo películas y no presto atención a los nombres de los personajes secundarios. ¿Para qué? La importancia está en la historia. Da igual que el amigo del protagonista se llame Jesús o Mauricio. Reservo ese privilegio para los papeles con los que me identifico o los que causan cierto tipo de emociones. Con los número pasa lo mismo, no hago el intento por aprenderlos. Prefiero destinar los recursos de mi cerebro para algo verdaderamente importante. Ni siquiera, a un año y medio de tenerlo, me sé mi propio número de celular. Cuando alguien me lo pide, se repite la escena de siempre: digo "disculpa, es nuevo, no me lo sé". Luego le digo que espere, reviso en la agenda del teléfono mismo y procedo a dictarlo. O le marco para que así lo guarde.

Así era antes, vivía consciente de lo limitado de mis capacidades. Con el tiempo logré acostumbrarme y adaptarme a ello. Nada grave, si hacía un esfuerzo incluso podía hacerme pasar por alguien promedio. Y ahora, ahora todo empeoró.

Sin memoria somos poco más que vegetales, en ella se alojan los recuerdos, aprendizajes y experiencias que nos conforman como personas. Hasta los videojuegos la tienen: es esencial porque sin ella tienes que empezar de nuevo cada vez que te decidas a despertar. Se trata del separador del libro de la vida, nos sitúa en el lugar preciso para emprender el recorrido sin desgaste de energía innecesario.

Desconozco si se debe a la presión a la que me he visto sometido últimamente. Creo que la mala vida empieza a cobrar factura en mi ya de por sí endeble estado intelectual y emocional. Hace unas horas me sorprendí al darme cuenta de que no recordaba qué es lo que había hecho el día anterior. Nada. No hablemos de lo que hice el 24 de Marzo del 1997. No, esto era mucho más grave. Se trataba del día de ayer y no podía extraer de mi mente una miserable escena de él.

¿Qué desayuné? ¿Qué hice durante el transcurso de la tarde? ¿A qué hora tomé una ducha? Me hacía esas preguntas sin encontrar respuesta. Lo único que podía remorar era:

  1. Un niño con un jersey del Barcelona.
  2. Una maestra de mi escuela en una fila.
Preocupante. Una vez restadas las horas de sueño, eso significaba que de un aproximado de 16 horas, solo tenía presente la imagen de dos personas sin relevancia alguna para mi existencia. La maestra no me ha dado ninguna clase. La conocía de vista. Lo que tenía claro era que el día anterior la había encontrado en una fila. Y empecé a triturar mi cabeza en busca de una pista, una señal, una ruta. Algo que me permitiera salir del laberinto en el que me hallaba.

Abrí el cajón del buró y ahí estaban. Eran dos libros aún con su cubierta de plástico. El fosco se prendió. Claro, ayer fui a la librería. Cuando me dirigí a pagar vi ahí la maestra . Le hice un gesto con la mirada. Un saludo discreto, especialmente diseñado para los que nomás se conocen de vista y consideran un "hola, buenas tardes" algo demasiado efusivo dadas las circunstancias. Ella no respondió. Generalmente responden de la misma forma, y agregan, con suerte, una sonrisita. No fue el caso. Misterio resuelto.

Acaso por inercia, de inmediato recordé que después de regresar de la librería fui a caminar. Durante el trayecto pasé cerca de una taquería. Afuera había un niño con la camiseta blaugrana. Pensé entonces a los niños les gustan las cosas fáciles. Desprecian el esfuerzo, el apoyar al débil. Van con el ganador del momento. Si los padres de ese niño hubieran fornicado una década atrás, el ahora llevaría el jersey del Madrid. Las nuevas generaciones de niños le van al Barcelona o al United, que pasan tiempos dorados. No he visto hasta ahora, a un muchacho portar con orgullo los colores de la Juve o el Liverpool. Reflexioné entorno a ello aquel día, claro.

Finalmente lo conseguí. A partir de ese punto cayeron, como cascada, el resto de las actividades pretéritas por las que me estaba quebrando: Sí, desayuné un sandwich, por la tarde vi una película y tomé un baño a eso de la una. Lo tenía claro. El problema radica en lo tardado que fue la llegada a la meta. Lo que se supone debería ser natural e instantáneo, llega como el fruto de un esfuerzo que en una persona normal sería innecesario.

Reconforta saber que, aun estando hundido en el fango, al menos sigo teniendo la capacidad recordar que he olvidado. O como diría Leonard, hay algo que no puedo olvidar, pero no recuerdo qué.

3 comentarios:

The norwegian dijo...

No te atormentes, a todos nos pasa. (Por todos, me refiero a mi)
Ahorita mismo, depues de leér tu post, intente recordar lo que hice ayer, me costo un poco, hasta que recorde que fui a comprar nuevos lentes ya que los que tengo, deben ser reemplazados inmediatamente, pero bueno es caso aparte. Como dije, a muchas personas les pasa, y mira que yo estoy peor, depues de todo, soy menor que tú.

Gabby Neumann dijo...

Piensalo como algo afortunado, a veces poder recordar es tormentoso.
Yo tengo la capacidad de memorizar trivialidades que de poco me van a servir. El nombre de alguién a quien en mi vida volveré a ver, la fecha de cumpleaños del hermano del novio de mi mejor amiga o todas las canciones que escuché ayer. Pero sí se trata de memoria a largo plazo soy una página en blanco. No puedo recordar nada antes de los 14, ya no se digan 10 o 5 años. Nada, ni un punto. Mi mamá le enoja, dice que tanto cariño en mi infancia pa' que ni me acuerde jaja.
Ahora por eso escribo, como lo estás haciendo ahora. Así sí dentro de unas horas no recuerdas que hicistes, regresaras acá y sabrás que escribias esta entrada ~Saludos del gato de mi avatar!~

Bigmaud dijo...

Norwegian: La vista borrosa te ayudará a recordar que tienes lentes.

Gabby: Me pasa igual con eso de los detalles innecesarios que utilizan espacio de la memoria que podría ser usado en cosas de verdadera utilidad. Hay un viejo por ahí en el que hablo al respecto, se llama "Recuerdos Chatarra" si mal no recuerdo, jeje.

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