viernes, 1 de abril de 2011

Uno de los tantos personajes presentes en el transporte público

Sin importar que considere a lo relacionado con lo "sobrenatural" y las supersticiones una tomadura de pelo, en los últimos días, debido a infortunios variados, le he estado dando vueltas a una anécdota acontecida hace ya varios ayeres (concretamente cuando tenía 15 años) dentro del transporte público.

En aquellos tiempos ancestrales solía regresar a casa en autobús después de la escuela . Generalmente lo hacía acompañado de dos amiguitos, el trayecto rumbo a la parada era aprovechado para entablar pláticas sobre nuestras bochornosas vidas mientras degustábamos exquisitas bonafinas de bolsita (precio: un peso). Nos turnábamos; dependiendo del día le tocaba a alguien diferente comprar una bonafina para los otros dos.

Un viernes nublado me llevé la sorpresa de que ni Paco ni Paco (sí, se llamaban igual) habían ido. Pasé las clases y el recreo con relativa diversión. Tenía otros compañeros con los que podía entretenerme. El problema llegó a la salida, cuando sentí el golpe de la soledad. Caminar medio kilómetro en silencio era más de lo que podía soportar. Ahora me encanta, en ese entonces era un ser más sociable. Sin que haya pasado tanto tiempo he cambiado mucho. La bonafina no sabía igual si no había nadie con quien brindar, por lo que apreté el paso, y luego de cruzar el puente peatonal, abordé al primer autobús que pasó.

Adoro cuando van vacíos, ya que como todo ser pensante prefiero ir sentado cómodamente sin ningún obstáculo humano que dificulte salir de esa bodega rodante en la que a duras penas se puede respirar. Este lo iba... o casi. Dentro, a la mitad, iba una señora de aproximadamente 60 años con rasgos y ropa indígenas. Nada del otro mundo, llamó mi atención nomás porque era la única que iba ahí. Ella estaba de lado izquierdo, yo me senté del lado derecho, dos filas de asientos delante de ella.

Gráfica Aproximada.

Los primeros dos minutos transcurrieron con normalidad, por la ventana alcanzaba a mirar el bello paisaje conformado por puestos callejeros y vendedores ambulantes. Nadie más hacía parada, por lo que avanzábamos y avanzábamos. En pleno aburrimiento volteé hacia las nubes, intentando encontrar figuras de animales. Noté que había perdido el don de la interpretación que llegué a tener en mis primeros años. Ahora sólo veía nubes. De pronto la señora de atrás comenzó a hacer ruidos extraños. Ligeros chillidos que el conductor no pareció escuchar. Opté por no voltear para no incomodarla, acaso simplemente estaba amagando con estornudar. Lo malo es que no se detenía, siguió chillando por un rato hasta que para mi sorpresa empezó a hablar sola. No supe qué decía, lo hacía en otra lengua. Podía ser náhuatl o mazahua, imposible precisarlo. Sentí un poco de miedo, ¿había una loca a mis espaldas? Como el conductor permanecía inmutable decidí serenarme. Ni que me estuviera apuntando con un arma, pensé. Ya más tranquilo volteé, ella seguía diciendo no sé qué tanto. Lo extraño es que la señora me estaba mirando fijamente y por su expresión corporal deduje que lo había estado haciendo desde que empezó a gemir. La tranquilidad que tenía se esfumó por completo. Desvié la mirada de inmediato. El que hecho de que la hubiera descubierto parecía darle igual. Siguió hablando, e incluso lo hizo más fuerte. El conductor seguía en su onda, el muy cabrón no tuvo siquiera la decencia de sintonizar una estación grupera para aligerar el ambiente.

La mujer siguió en lo mismo hasta que llegamos a la zona donde yo me bajaba. Antes de hacerlo, tuve la oportunidad de volverla a encarar. Esta vez, además de de mirarme con los ojos saltones, reía. Se carcajeaba directamente, sin que yo pudiera entender lo que decía. Bajé por la puerta de atrás. Apurado, consternado. Visualmente estaba prendada a mí. Ya en tierra, vi cómo se paraba de su asiento para pegarse a la ventana y seguirme con la vista. Permanecí de pie para que no viera dónde vivía. Movía la lengua y las manos en lo que la velocidad del autobús lograba separarnos.

Entré a casa y no había luz. Esa tarde se me cayó un vaso de vidrio y mi x-box se descompuso. Un día después perdí la cartera. A los pocos días me enteré de que seis de mis amiguitos, incluyendo a los Pacos, dejarían la escuela en el curso siguiente, para iniciar la preparatoria en un sitio mejor, dejando así a mi pequeña armada de amistades herida de muerte. Por alguna casualidad a partir de ese día mi vida comenzó a descender lentamente hasta llegar a los tiempos actuales, haciendo que, aunque sea escéptico, de vez en cuando todavía siga preguntándome si la señora extraña habrá lanzado algún tipo de hechizo milenario en mi contra.

8 comentarios:

The norwegian dijo...

¡¡Pertañax!!
A mi me ha gustado esa grafica :D
Si, cuando valian las bonafinas 1 peso molaban, ahora si no estoy mal, ya valen 4 pesos u_u
Puede que si te haya hecho una maldición milenaria, lo que me intrigó, es el porque se rio de ti :/

PD:Para alegrarte, te dejo 1 chiste malo:
- ¿Es ésta la academia de inglés?
- If, if, between, between.

KrizalidX1 dijo...

No mamar, ese chiste si me gusto.

[*]MiUcHa[*] dijo...

Disculpe mi ignorancia Don Bigmaud pero, ¿qué son bonafinas?.

Vaya esa historia de la viejita me recordó a un libro de Stephen King, te recomendaría que te comieras un pie que palpitara pero creo que ya no los hacen. Tengo ententido que si te pegan con ramas se te quita lo malvibroso que te haya puesto la señora jajaja perdona que no recuerde el nombre de esas cosas que hacen con ramitas.

Me encantó el dibujo, ¿me lo puedo robar?.

Shalalalalala(8)

Memmis dijo...

el nombre de esas cosas que hacen con ramitas - una limpia?

Aaaaay, yo soy bien fan de las bonafinas. El otro día descubrí con horror que la de medio galón ya cuesta $12! Jajajaja.

Anónimo dijo...

Me gusta como describes los lugares en tus posts, jeje siempre te pasan cosas muy peculiares. Aunque eres un ser pensante y quieres pasar algun tiempo solo meditando debes tratar de relacionarte más con la gente (no solo por internet), los extremos son malos. Yo era así pero estoy mejorando. Felicitaciones por tu blog hace poco lo encontré y me ha gustado mucho. Saludos desde Colombia!

El Compañero. dijo...

Qué buena anécdota. Debiste haberte ido a hacer una limpia inmediatamente. Quizá igual como puedes conectar tu vida actual con la vieja loca la podrías conectar con la limpia y todo iría mejor, aunque fuera por pura sugestión.

Atte: Juan Ramón.

Bigmaud dijo...

Norwegian, KrizalidX1 : No le entendí y tuve que googlearlo, snif.

Miucha: Te puedes robar el dibujo. Las bonafinas son unas bebidas corrientes con sabor a naranja. Son de bajo precio y sin importar lo poco reconocidas que son, tiene un sabor refrescante bastante agradable. Limpias, se dice, como comenta:


Memmis: ¿12 pesos? Careros, ni que fuera boing.

Anónimo: Gracias por tu comentario. Parece que a los lectores les gusta más este tipo de post, mas a veces tengo que expresar otras cosas, aunque no sean del todo ligeras y agradables. Saludos a Colombia.

Compañero: Sí, es la sugestión, y de que en circunstancias extremas uno relaciona eventos que nada tienen que ver.


Saludos!

Anónimo dijo...

Y los errores del universo, ¿qué son? ¿Sólo errores del universo? Me caes bien, Ignatius.

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