lunes, 14 de marzo de 2011

El segundo piso de la casa

En algunos aspectos solemos ser más considerados con las personas que no conocemos que con las convivimos a diario. En la casa, por ejemplo, podemos vivir en un gran desorden, con toallas secando en cualquier lado y papeles tirados por doquier. Ah, pero vienen visitas y acomodamos lo que se pueda con tal de dar una imagen positiva. El caos no es tan malo, simplemente nos da miedo que los demás no lo sepan.

Quien tenga una casa de dos pisos (o más) sabrá que la planta baja estará limpísima en comparación con la alta. Se cuida más a la de abajo, aunque sea en la que menos pasemos tiempo. Por mera precaución. Por si un día el vecino quiere pasar o si la tía política decide caer de sorpresa.

El piso de arriba es otro boleto. Se trata de un lugar sagrado al que se debe dejar pasar sólo a las personas de verdadera confianza. Aléjense de las personas que piden permiso para usar tu baño y pudiendo usar el de abajo se toman la libertad de ir al alguno de los arriba. La regla no escrita indica que el baño feo (usualmente ubicado abajo) está destinado a las visitas. Los que son para la familia (entiéndase papá, mamá y hermanos) deben defenderse a capa y espada. Aunque el susodicho lo quiera únicamente para lavarse las manos, se le debe impedir el paso. Claro, de manera sutil, no vaya uno a pasar como un maleducado.

Desde que tengo memoria, el segundo piso de la casa ha sido reservado para unos cuantos. Los que saben que el desorden es natural. Para los otros, los superficiales e ignorantes está la planta baja. Limpia y reluciente.

3 comentarios:

Andrea Pájaro dijo...

Tu entrada equivale al "no es hipocresía son buenos modales".

macakuaya dijo...

Hey! que oportuna tu entrada. Justo ahora estaba diseñando mi casa en un ejercicio de mi escuela, y eso dice mucho de nuestra manera de vivir, no?

The norwigian dijo...

Esa regla tambien es aplicada en mi casa, pero shhhh.
Ya te creia medio muerto xD

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