domingo, 13 de febrero de 2011

La señora y su hijo


Salgo del francés. Son las nueve de la noche. Estoy cansado y no logro pensar en otra cosa que no sea la tarea aburrida que tengo por delante. De pronto alguien me llama:

-Carlitos, ¿cómo estás?

Es una mujer que conoce a mi tía. Nos presentaron hace dos semanas. Las escena es bochornosa, mis compañeritos de clase, ante los que he mostrado un semblante duro, están cerca. Ahora todo se viene abajo gracias a que una señora me llama con un diminutivo. Tengo 22 años, hay personas que me llaman "señor", mas ella decide llamarme "Carlitos". Ante la falta de espejos ignoro si me puse rojo o no. Ella está efusiva y empieza a hablar como si no hubiera mañana.

-Te conocí cuando eras un bebé. Ahora, mírate, estás igualito a tu papá.

Dejando de lado lo comprometedora de la escena, no me molesta. La señora me cae bien. Se nota que lo hace con buenas intenciones. No busca reducirme ante quienes escuchan, cerca de ahí, algunos datos ridículos de mi infancia. Incluso me cae bien, asiento de vez en cuando y sonrío. No soy una mala persona después de todo. La acompaña su hijo, un tipo de unos 25 años que también intenta estudiar francés. Tiene aspecto extraño. Parece medio tonto y va en un nivel más avanzado que yo. La vida: gente que consideras inferior te supera en muchos aspectos. El consuelo está en que nadie te gana en cuanto a masticar chicles se refiere. Desde hace dos semanas me había dicho su nombre. No me tomé la molestia en memorizarlo. Pueden repetirme algo miles de veces pero si estoy indispuesto no lo aprenderé. ¿Cómo se llamaba?, ¿Me interesaba de algo? No sé y no. El caso es que pensó que deberíamos ser amigos. Hay gente que necesita amigos y hace todo por conseguirlo. Están desesperados. Yo necesito amigos pero no hago nada por conseguirlos. Me da flojera la onda de recibir llamadas a las dos de la mañana de un chico que te pide auxilio porque se quedó sin gasolina en medio de una avenida. Es lo que hacen los amigos. Duermo tranquilo sabiendo que no hay nadie con quien tenga la confianza requerida para ese tipo de ayudas. Bueno, el chico del que no sé el nombre es raro. No del raro-cool, ni del raro-quizásnolosea. Es raro del tipo repelente. Las pocas veces que lo he visto lo encuentro oliéndose los dedos. Es asqueroso. Junta todos los dedos de la mano de derecha (menos el meñique) en forma de rombo. Lo siguiente que sabes es que los tiene debajo de la nariz y empieza a olerlos. Me repatea. Pienso en por qué lo hace y sólo encuentro explicaciones repugnantes. ¿En dónde estuvieron sus dedos?, ¿Tiene las uñas con residuos de algo?, ¿Te estuviste tocando, muchacho? La primera vez que me dio la mano noté que estaba pegajosa. No es gratuito que imagine cosas feas. Y entonces lo evito porque me intenta saludar. Y les decía que soy un buen tipo, pero también soy un tipo higiénico. Rehuyo a la suciedad. En la escuela están los que se bañan en la mañana y los que se bañan en la noche. Yo soy de los que se bañan en la mañana. No puedo estar a gusto si no me siento reluciente y fresco. A otros les importa un carajo. Hubo una chica que me dijo que se bañaba cada tres días. Me reí. Juro que pensé que bromeaba. No era así. -En serio -me dijo. Dejé de hablarle, no volví a acercarme por donde pasaba. Un razón más por la que estoy solo. La suciedad masculina me da más o menos lo mismo, de todas formas no me interesa tocarlos. En la mujer es diferente, ¿cómo platicar con alguien que no se ha bañado en tres días? Vale, hay que cuidar el agua y todo eso, sí, pero todavía queda bastante en el mundo. Suficiente para que reserves cinco minutos de tu tiempo cada día para utilizarla. Entonces sí, ve a protestar contra el cambio climático o alguna onda ecológica. Otros están ansiosos por saludar de beso a otras personas. A mí todo lo contrario. No tengo nada en contra de las mejillas. Me caen bien, pero sé que las que saludan de beso han saludado de beso a otros 30 imbéciles en lo que va del día. Posar los labios, aunque sea rápidamente y sin pasión, en un pedazo de carne, en el que se han quedado rastros de alguna clase, choca contra mis estándares. Conque me rindo y acabo en mi cuarto escribiendo esto para nadie.

2 comentarios:

Baldor dijo...

Me consta lo de las mujeres que duran días sin bañarse... vivo con una. Buen post. Saludos!

Blame dijo...

A mi me consta otra cosa, si bien que personas que consideras inferiores te superen es un fiasco, se siente peor cuando alguien que no se lo merece te supera, yo no digo que soy perfecto pero, es que por ejemplo Fulanito lleva esforzandoce por pasar el examen de ingreso a la facultad de medicina 1 mes minimo, y y el dia en que entregan la lista de admitidos, el no queda, pero el que se sento a su lado en el examen si, aun cuando, al echar un vistazo a su examen (ejem) estaba en muchas respuestas equivocado.
Que tocho, lo siento por esta diatriba.

PD:Mano pegajosa? Paso de imaginarme nada

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