jueves, 22 de julio de 2010

Las salas apestan femenino

Desde que tengo memoria he ido al cine solo. Un par de veces mis padres me llevaron a ver una de esas películas infantiles que aburren tanto a los adultos. Luego se hartaron. Ellos también gustan de la violencia y el sexo en pantalla aunque lo quieran disimular. Las historias de princesas con final feliz los ahuyentan de las salas cinematográficas. ¿Quieres saber cuánto te quieren mami y papi? Cuenta las veces que te llevaron a un cine. Si te llevan cada quince días, debes considerarte un total afortunado: te aman. Si te llevan una vez al año, bueno, son cariñosos aunque mantengan cierto respeto por sí mismos. Si te han llevado dos veces en su vida, probablemente te llames David Bragg, como yo.

Para ser justos no reprocho en nada esta situación. Considero que el cine es una experiencia personal. Para sumergirse de lleno en la historia uno debe estar acurrucado en la soledad. Es imposible tomarse en serio un diálogo cuando tienes a un par de mariconzuelos tragando nachos a tu lado. Las películas de terror parecen distantes cuando de reojo alcanzas a ver la nuca de una señora que estaría mejor lavando los platos en casa. Eso al menos alegraría al jefe de la familia. En cambio a nadie le sirve que nos reunamos en una sala a obscuras, excepto a los propietarios del recinto que nos sangran los bolsillos. Ellos mandan a sus hijos a Europa. En cambio, nosotros, quienes conformamos su fortuna, estamos viendo peliculitas que, con suerte, tendrá una escena en la torre Eiffel. Debemos ir asumiendo nuestro papel patético dentro de la esfera del mundo. Bueno, también salen beneficiados los directores de cine y esas figuras anónimas que aparecen en los créditos finales mientras nosotros regresamos a la calle. Las estrellas de Hollywood viven en mansiones; tienen vidas; no tienen que recurrir a la de alguien más. Están comiendo una ensalada macrobiótica mientras la enésima palomita arriba a nuestro estómago.

Prefiero apreciar en solitario. Las mejores películas de mi vida las he visto a las cuatro de la mañana en la pequeña pantalla de mi computadora. No hay nadie que moleste o influya en mis pensamientos. Estoy ahí solo, en calzones, sin poder dormir. Necesito ver la vida de otros para evitar recordar la mía. Distracción, eso es lo que necesito. Para eso recurro al “séptimo arte”. Qué risa. Quiero entrar en el ranking de artes. En el puesto veinticuatro. Justo atrás del excusado. Quizás ustedes no lo sepan, pero he cagado verdaderas obras de arte, sólo que soy egoísta y bajo la cadena.

La gente que necesita de compañía me da lástima. En el cine nadie habla, ¿para qué ir con un escuadrón entonces? Lo entendería en un museo, en un hotel. En el cine nadie hace nada. Sólo se trata de mirar a la pantalla mientras engordas. Las butacas con una miseria. Los que sí hacen algo son las parejitas de novios que asisten sólo para aprovechar la obscuridad. La última vez que fui, vi cómo unos quinceañeros se mataban a besos. No pude poner atención a la película. Sabía que trataba de unos japoneses en busca de un oráculo mágico o una ridiculez similar. Había entrado, como otras tantas veces, sólo para poder sentarme a lado de una chica guapa. Últimamente ese es la único razón para pagar los cincuenta pesos que cuesta el boleto. Es la única forma en la que alguien normal puede aspirar a codearse con una supermodelo.

Tampoco es que sea cosa fácil. Antes de tomar asiento se debe hacer una inspección de lugar. Siempre intento localizar a la tipa más buena de todas. Una vez que la ubico voy y me siento a su lado como si fuera una persona normal. Por dos horas finjo que se trata de mi novia. Obviamente ella no lo sabe, aunque me gustaría que los demás se dieran esa idea. No tengo pensamientos sucios. Todos son limpios porque lavo mis dientes. A veces me cuesta trabajo. Una vez entré a una sala en la que todos eran hombres. Estaban pasando una de Stallone. Ver esa peli fue un error; los rostros angelicales están donde proyectan las películas románticas. Los grupos de amigas van a ver cursilerías. Las mujeres sienten debilidad por ese tipo de porquería. Les gusta la mierda; qué más se puede esperar de seres capaces de enamorarse de hombres. Las lesbianas, ellas sí que tienen buenos gustos al igual que yo. El hecho de que la mayoría prefiera a un tipo barbudo que a un par de tetas es algo que me hacer sospechar de su salud mental.

He notado que la mayoría de las mujeres que me gustan huelen igual. Es difícil que una apeste. Un poco de desodorante y ya está. Su olor natural a piel les basta para volver loco a cualquier heterosexual. Por los homosexuales no puedo hablar, aunque entendido (según lo que me dijo Ernesto, un viejo compañero de la escuela) que ellos prefieren el olor a sudor. Quieren estar con machos, hombres que sepan dominarlos y defenderlos cuando surja un problema. A mí me da igual. No necesito que nadie cuide de mí. Ya estoy perdido de todos modos.
Será mejor que cuente la experiencia de mi última visita al cine para que entiendan por qué no he vuelto desde entonces.

Abandoné la casa. Dije que iba por algo de comer. No dije qué. Para ellos lo mismo podía ser una langosta que las sobras de un bote de basura. No preguntaron. Ir por algo de comer: nadie puede desconfiar de esas palabras. No les mentí. En el cine venden golosinas y snacks. Puede que sean caras, sí. Pero hay. Si uno ahorra lo suficiente puede que te alcance para cincuenta gramos de cacahuates.

Tenía hambre. Antes de comprar el boleto para entrar fui por unas palomitas. Misteriosamente el sabor que logran ahí es insuperable. La fortuna que cobran por ellas no es del todo injusta. En lo que me las entregaban, me di la vuelta. Automáticamente dirigí la mirada a la zona de taquillas. Había una mujer hermosa. Según calculé, tenía 18 años. O al menos eso quería creer. Vi que la escoltaba un pequeño joven que le llegaba a la cintura. Esperé unos segundos para ver si se besaban en la boca. Como no ocurrió, deduje que era su hermano menor. La fila en la que estaba era larga, así que tenía el suficiente tiempo como para que la empleada inepta me diera las rosetas de maíz, luego podía alcanzarla. Una vez con el bote en la mano, todavía tomé el lujo de ir a agregarle un poco de salsa picante.

Una vez cerca la escuché decir:

“-Un adulto y un niño, por favor”.

También alcancé a escuchar la cinta que entraría a ver. Era una de Cameron Díaz. Pobre niño, pensé. Y pobre de mí, ya que naturalmente decidí entrar ahí mismo.

Dejé que se alejaran unos metros. No quería parecer un acosador cualquiera. Poco después entre a la sala. Eché un vistazo para ver si había una opción que la superara. El lugar estaba casi vacío, no había mucho para pensárselo. Entonces vi que ella y su hermanito estaban en la novena fila. No era tan tonta, tomó uno de los mejores lugares. Eso me favoreció porque ya no iba a parecer tan extraño que reposara a su lado cuando había decenas de asientos disponibles. La fila nueve es codiciada como pocas. Sólo la ocho y la diez pueden ofrecerle un poco de pelea.

Durante la función la noté distante. Acaso la incomodó mi presencia. Imposible culparla. Ni yo me soporto. Doy caminatas para ver si me puedo alejar de mí. Nunca lo logro. Temo mirar el espejo, prefiero las paredes. No estoy en ellas. Me asusté cuando en medio de una escena ella se puso de pie y salió de ahí tomando al niño de la mano. Opté por seguir sus pasos. Fue un impulso. Debía haber algo que la hiciera salir. Yo estaba en el mismo sitio, la imité, confíe en su criterio. Además quería comprar algo de tomar. Tenía la boca seca. Estaba sumamente nervioso. Un poco de aire me caería bien.

Tardé poco en verla de nuevo. Estaba formada. Caminé hasta tenerla cerca. Tomé valor y le dije

-Oye, creo que tú y yo somos novios
-Eh, ¿perdón?
-Que creo que tú y somos novios aunque no lo sepamos todavía.
-¿De qué estás hablando?
-Ir al cine y sentarse juntos eso lo que hacen las parejas, y nosotros estábamos haciendo justo eso.
-Ah, tú eres el idiota de hace rato.
-¡Qué bueno que te acuerdas de mí!
-Déjame en paz, yo tengo novio.
-Sí, soy yo, ya te dije.
-Voy a llamarle para que venga a romperte la cara.
-No seas violenta, mujer. Los chicos a los que les gusta liarse a golpes son los más idiotas de todos. Yo soy un pacifista. Lanzo piedras pero tengo la decencia de esconder la mano.

Sacó su celular. Se puso a platicar con alguien. Volteé hacia abajo, el niño estaba mirándome a los ojos. Sonreí para intentar caerle bien. Es importante ser cordial con la familia política. No le caí mucho en gracia porque no modificó en nada su actitud. Seguía mirándome. La fila estaba atorada. La empleada incompetente volvía a hacer de las suyas.

La chica colgó. Y la conversación regresó.

-Mi novio viene para acá. Quizás prefieras ir a esconderte si no quieres acabar desfigurado.
-Bah, cuando me mire se dará cuenta de que no queda mucho por hacer. ¿Cómo te llamas?
-¿Qué te importa, maricón?

Estaba bien que la película fuera un truño, pero había pagado un boleto y no estaba dispuesto a seguir soportando los atropellos de la chica esta. La dejé en paz. No valía la pena desgastarse con alguien de tan poco valor humano. Lo lamenté por el niño con el que desarrollé una especie de vínculo espiritual.

Llegué a tiempo para ver los créditos. En lo que acababan me puse a pensar en el problema central. Yo no le gusta a sinnombre . Lo de su novio era un mero pretexto para zafarse de mí. La fidelidad es un invento frágil. Cuando una chica encuentra a alguien que la emociona, poco le importa que su pareja esté cerca. Se desvinculan fácilmente. Lo único que buscan es estar con el mejor macho que su cuerpo les pueda conseguir. “Lo siento, ya tengo novio”, apréndete esta frase que elegantemente quiere decir “no me interesas”. Si eres lo suficientemente guapo puedes ir sin cuidado. En caso que tenerlo, nadie te mencionará a su novio. Les da igual. En cuanto aparece alguien que las mueva por dentro se rendirán ante ti y harán todo lo que esté en sus manos para cautivarte. Tendrán un comportamiento sumiso, reirán de todas tus gracias, bromearán. Lanzarán coqueteos. Los hombres son igual de desapegados, pero eso ya lo saben. Todos lo saben, al menos se nos reconoce. Ellas fingen que no. Juran lealtad al bobo en turno para luego fugarse, cuando menos se lo espere, con un motociclista de espalda tatuada que las apantalle con cualquier cosa. Las chicas son fácilmente impresionables, así que deben tener cuidado. Cualquier tipo relativamente agraciado puede conquistarlas recitando un poema o presumiendo el abdomen de lavadero. Cásense con quien en verdad amen. Eso al menos les dificultará la huida. Tanto, que con suerte, durarán juntos por años. Ventajas del matrimonio. Relación unida a pesar de los impulsos.

Llegué a casa con hambre. Preparé un par de quesadillas. El queso estaba echado a perder. Estuve enfermo por dos semanas. Vomité y vomité. No había nadie para cuidarme. Las novias del cine no me querían. Yo estaba ahí sufriendo frente a la taza de año. Ellas, por su lado estaban tragando frente a la pantalla grande. Aunque quizás luego también vomitarán para conservar esas prominentes figuras .

11 comentarios:

Sheliwirini dijo...

No creo que todas las mujeres se impresionen por cualquier cosa, si, he conocido muchas que aman a los tipos con buenos cuerpos y buenos traseros, eso realmente se me hace tan estúpido y superficial. Aunque pasa igual que con los hombres, la mayoría prefieren buenos cuerpos. El físico es importante, no hay que negarlo, pero no es lo primero ni lo único. Hay aspectos más importantes a considerar.

So dijo...

"Las mujeres sienten debilidad por ese tipo de porquería. Les gusta la mierda; qué más se puede esperar de seres capaces de enamorarse de hombres"
Clap, clap, clap
Tienes la verdad en tus manos.
Seguro su novio echò a perder tu queso... a golpes.
Es verdad, pasamos de cualquiera cuando llega uno mejor... pero decimos que nos "enamoramos" para no vernos tan mal

Noemí dijo...

Creo que sigo tu blog hace rato o tu sigues el mío, no sé, pero es primera vez que puedo leerlo con calma y me encuentro con esto... Con algunas cosas de acuerdo, pero hay excepciones, que dudo encuentres en el cine donde pasan sólo a hollywood...
Espero leer algo menos despechado la próxima vez. Y sí, las cabritas del cine, yo no sé, pero saben a cielo.


Saludos!

Anónimo dijo...

Me parece què generalizar nunca es bueno,es como decir què a todos los hombres lo unico què les importa es el fisico o què solo quieren sexo.No todas las mujeres somos asi,a mi por ejemplo no me gustan los tipos con "lavadero" es màs me dan asco y los poemas tampoco.Hay què tratar de ver màs alla y no comparar ni generalizar.

Nayeli García dijo...

A mí me parece que hay que poner más atención en la etiqueta de la entrada que dice "ficción"

(a propósito, ¿por qué no mencionaste a los maravillosos nachos del cine -sólo superados por los de six flags-?)

Saludos

Anónimo dijo...

El fisico en un hombre no es lo importante la neta lo importante son el muuy buen sexo,la inteligencia/simpatia y si se puede la lana xD y te lo dice una barbie como yo :P las palomitas del cine son de dioses *O* los hot dogs tambien! y es mentira que a las mujeres solo nos gustan las cosas romanticas pff x ejemplo yo ni las soporto las vomito D: y veo puras cosas de vatos en el cine soy machorra mil C: lol
me gustan tus fics :9
salu2 cat*

Bigmaud dijo...

Sheli: Los hombres no se quedan atrás, desde luego. La diferencia es que el hombre se desespera rápido; entre más pasa el tiempo bajan sus estándares hasta que llega el momento en el que busca una mujer, la que sea y ya. La mujer en ese aspecto es más interesada, busca lo que le convenga aunque no sea lo que le guste. Complicadas son.

So: ¡Gracias por esa sinceridad! A algunas les cuesta mucho aceptarlo pero en el fondo saben que es así.

Noemí: Ando despechado últimamente. Con últimamente me refiero de cuatro años para acá. Buena palabra esa "cabritas".

Anónimo: Generalizar no es tan malo como parece. Imagínate si tuviera que hacer un post de cada caso específico. Sería imposible con tantos millones de mujeres. Mejor, moverme sobre lo que hace la mayoría.

Nayeli: ¡por fin alguien lo nota! No es la primera vez que pasa, la gente no suele prestar atención a las etiquetas. y aunque las ficciones pueden estar basadas en hechos reales, eso no quita que también tengan la carga esencial de imaginación.

Cat*: Comes perros calientes sólo porque te gustan los gatos... Yo odio los hot dogs, honestamente. ¿El muuy buen sexo es importante? Apuesto que no lo harías con alguien que físicamente no te guste! Bien por admitir lo del dinero.


Saludos todos, o todas.

Xavier dijo...

Jajaja, genial! Luego vamos e incomodamos al típico par de amigas que se la pasan chismeando. O a la cineteca, porque ahí si se quejarán de que no las estamos dejando disfrutar del arte. Al cabo mi cara tampoco tiene miedo a más desfiguro.

the lines on my face dijo...

jajajaja me reí mucho, yo también voy al cine sola, para disfrutarlo agusto... pero ahora me fijaré si se sienta alguien junto a mi... aunque creo que no... tal vez porque pertenezco a esas mujeres que no ven cursilerías, pero no son lesbianas...
saludines

Bigmaud dijo...

Xavier: Uh, sí, nada como las amigas fresa que se la pasan haciendo analogías entre lo que ven en pantalla y sus vidas. "Leonardo Di Caprio usa pantalones parecidos a los de Santiago". Fu.

Laines: No te preocupes, no creas que ando acechando cines, ni nada parecido.

Nielssen dijo...

El sistema monetario debe haber influenciado la opinión de las mujeres sobre los hombres. La supervivencia las hace buscar los hombres como gorilas adinerados. Sin embargo, los músculos de gorila no son algo heredado de la condición animal sino de un adoptación de pensamiento que se ha venido transmitido oralmente desde la época de los obreros antiguos (los constructores de pirámides se volvían musculosos por el levantamiento de objetos pesados entonces las mujeres,atraídas por el sudor y la secreción hormonal, relacionaban los músculos con esa atracción del hombre constructor.

Otra cosa: Hay mujeres que no son materialistas pero es porque deben haber sido criadas por una familia de diferente filosofía o se educaron diferente (con mayor pensamiento científico, por ejemplo).

La mujer que describiste en tu post es el peor ser humano personificado O_O. El peor ser humano con una cara bonita ¬¬. La urgencia sexual del hombre es una maldición ¬¬

eXTReMe Tracker