Todo se conjuga para que este mes tenga temas diarios para actualizar este blog. Luego del caso de la chica fresa pensé que no habría nada de similar tamaño para comentar, pero hoy un incidente demuestra que, una vez más, estaba equivocado.
Sí, sufrí apenas el segundo asalto de mi vida. El primero ocurrió la vez que un doctor me robó el cordón umbilical valiéndose de una herramienta punzocortante. Desde entonces (hace 21 años) no había sido víctima de un atraco de iguales proporciones, hasta hoy que un par de tipejos coordinaron fuerzas para despojarme de mi celular y cartera.
Iba caminando tranquilamente rumbo a la escuela (1:50 pm aproximadamente) cuando a escasas cuadras de llegar, fui interceptado por un hombre que se acercó extrañamente a mí. Se pegó tanto a mi cuerpo que pensé no tardaría en manchar mis pantalones. En eso, sacó un desarmador para colocarlo en la zona donde se ubican algunos de mis órganos vitales al mismo tiempo que decía:
Dame tu cartera y el celular o te pico.
Sospecho que el maleante estuvo espiándome durante semanas, de otro modo no me explico cómo supo que yo tenía celular y cartera. Who knows?
No hice nada durante los primeros seis segundos. Naturalmente el asaltante se irritó.
Ándale, sácalos orita mismo o chingo. Ni se te ocurra moverte.
En situaciones como esta, el tiempo pasa tan rápido que no reaccionas como deberías. Es como cuando un balonazo te pega en la cabeza: cuando quieres actuar ya es demasiado tarde. Si alguien te hubiera dicho minutos antes que alguien iba a patear un balón con dirección a tu mollera podrías elaborar una estrategia, y en el momento oportuno darías un paso para apartarte de la trayectoria del balón. Lo mismo pasa con quienes te atracan, ellos se encuentran en una posición de ventaja porque saben qué es lo que va pasar, en cambio la víctima viene distraída sin imaginarse lo que le espera. Por eso cuando el momento fatídico llega, no se logra una reacción lo 100% adecuada. De estar mentalizado hubiera podido emplear mi célebre patada tornado dejándolo parapléjico, snif snif.
Sin decir nada le di el celular y una cartera que tenía doscientos y tantos pesos. Luego de esos huyó mientras decía, "échate para atrás". Del otro lado de la calle lo esperaba un vocho azulado en el que escapó, el cual era conducido por una escoria poco agradable a los sentidos con peinado Mohawk.
Sobre la cartera, además de los doscientos pesos, traía lo siguiente:
- El boleto borroso de cuando fui a ver Watchmen.
- Credencial de universitario insatisfecho.
- Un calendario de cartón portátil del 2006.
- Algunos dólares viejísimos que estaban pegados unos con otros.
- Tickets de compras varias.
- Credencial de elector.
- Tarjeta de débito.
- Monedas que ahora nunca llegaran a las manos de cerillos necesitados.
- Un par de calcomanías de discos de Elvis Costello y Bob Dylan.
- Credencial de amigo Porrúa.
- Billete de emergencia de 100 pesos conmemorativo del centenario de la revolución.
- Pelusa acumulada.
Gracias al contenido, los malditos ahora saben dónde estudio y el lugar donde vivo. Saquen los globos y serpentinas, por favor.
No fue el atraco del siglo, lo sé. Me duele lo de la tarjeta de débito (ya reportada), porque de ahí sacaba de a poquito sumas suficientes para satisfacer necesidades básicas como chocolates Crunch. El celular en su momento costó 1800 pesos, y todos los números de la agenda tenían nombre clave excepto por el poco original "Casa". Sigo a la espera de la primer llamada de una voz distorsionada.
Queda como consuelo la poca inteligencia del asaltante. No me pidió el reloj, ni los lentes obscuros que valían más que el celular y lo de la cartera juntos, el ticket que lo comprueba, por cierto, estaba dentro de la billetera. Pienso que como notó lo bien que se me veían, decidió pasarlo por alto.
Eso o el par de pandilleros, nomás querían el celular para realizar actos delictivos. Desgraciadamente registré honradamente mis datos al Renaut. así que posiblemente acabe inmiscuido en algún caso de extorsión telefónica sin enterarme.
Una vez que se fueron, noté que un policía había observado todo sin hacer nada. Quizás era de la seguridad privada que cuida unas oficinas que están por ahí, pero vestía como tal. Al final se me acercó y con su walkie talkie le habló a uno que estaba igualito a él. Luego llamaron a una patrulla que me pidió algunos datos. Apostaría a que los delincuentes llegarán a viejos sin ser detenidos.
Es curioso que justo cuando hace apenas unos días hice esfuerzos importantes para regresarle a una chica la cartera que le pertenecía, la fortuna se me volteara haciéndome perder la mía en circunstancias peores. Una muestra más de que este mundo es injusto, las acciones buenas que hagamos debemos llevarlas a cabo por la satisfacción propia, por estar actuando correctamente, porque eso del karma no funciona, al menos no para mí.
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Hice un dibujo del asaltante, si alguno de ustedes lo ve en la calle, avise a las autoridades. El retrato se asemeja bastante a la realidad:
PD: Cuando llegué a la escuela me dijeron que la clase se había suspendido.
