martes, 28 de febrero de 2012

Para cuando no puedas escribir

Conviene alejarse de los consejos de escritura que hay en la red. Los hay de figuras consagradas, autores de medio pelo y jovenzuelos que no deberían propagar métodos que llevan a resultados tan lamentables. Algunos podrán ser inspiradores o ayudar en ciertas circunstancias, pero cada uno debe ir encontrando su propio camino. Lo que sirve para unos no necesariamente sirve para otros. Tenemos nuestras propias fobias, nuestros propios prejuicios. Ojalá esto fuera tan sencillo como leer un decálogo en el que se encapsularan los secretos para alcanzar el éxito literario. La realidad es que de poco importa aprenderlos si no se lleva sustancia recorriendo por las venas.

No obstante, y sin afán de contradecirme, hay un truco que me ha servido para escribir cada que paso por un bloqueo creativo. No estoy garantizando que a ustedes pueda servirles, lo dejo nada más por si de casualidad llega a ser útil para alguna de las personas que leerán el presente texto en los próximos años. Advierto que es uno de los que dejan exhausto. Requiere plena concentración y no es raro terminar al borde del desmayo cuando se utiliza. Por eso es importante saber que solo debe emplearse en casos de emergencia, cuando la entrega está próxima y parece que nada funciona para conseguir redactar un par de párrafos al hilo.


***

Cuando no puedo escribir, cuando nada sale de la cabeza, cuando no consigo presionar las teclas, cuando no temo no ser lo suficientemente bueno, cuando considero tirar la tolla, lo que hago es pensar en una persona. La pongo fija en mi mente. Veo sus manos y sus piernas. Puede ser un miembro de tu familia o una chica tierna. Alguien que te guste, de preferencia. Entonces debes mirarla a los ojos y pensar que si no escribes, ella morirá. Un rayo la partirá en dos. Ahora su vida depende de que te apresures y escribas. El ejercicio debe tomarse con seriedad. Tomarlo como lo que es: un hecho. Si no terminas lo que te has propuesto, una muerte pesará sobre tu espalda de aquí hasta que tú también dejes de respirar. Que se te meta hasta los huesos, siente la culpa. Imagina el remordimiento que vendrá si no cumples la meta; si por tu flojera o cobardía una persona pierde la posibilidad de cumplir sus anhelos. No dejes que ocurra. Lo has hecho antes, puedes hacerlo ahora. Se trata solo de escribir, de poner una palabra tras otra hasta que el punto final se atreviese en el camino. Es muy poca cosa, lo es para ti. La persona que está en tu cabeza lo sabe también. Te eligió entre miles de personas para que salvaras su vida. Confió en ti. Sabe que eres bueno con la pluma, que te besaría si la timidez fuera pasajera. Entró en tus pensamientos para que rompieras el hechizo. Está en busca de un héroe y lo único que necesitas hacer es aporrear el tecleado, ¿no es acaso sencillo? Otros tiene que volar, asesinar centauros o detener trenes en movimiento. Tú lo único que debes hacer es escribir lo que ha rondado antes por ahí. Desde la comunidad de tu silla. En un escritorio hecho de árboles que fueron talados especialmente para ti. No, no te rindas. A veces parece difícil cuando no lo es. ¿A qué le tienes miedo? ¿A realizar tus tareas? ¿A salvar a una chica atractiva? Hazlo por ella. Hazlo por ti. Mira de nuevo sus ojos, dile que no le vas a fallar. Entonces escribe. Como lo has hecho miles de veces. Y cuando lo consigas, duerme tranquilo. Sonríe. Tarde o temprano volverás a ver a esa persona. Puede que no te salude y que ni siquiera voltee a verte. No se ha dado cuenta. Su espíritu no le ha avisado todavía. No sabe que le has salvado la vida. Que has ofrecido tu corazón para que ella esté ahí ahora platicando con alguien más. Puede que sea duro saberlo. No le digas nada. Manda al diablo los reflectores. Eres un héroe que debe mantener su identidad en secreto. La misión está completa. Quedará para siempre entre nosotros, colega.

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